Sunday, 2 June 2013

'Gatsby ' vuelve a los cines con el mayor espectáculo visual jamás visto

El director australiano regresa a la gran pantalla de la mano de Leonardo Dicaprio, actor con el que no trabajaba desde la adaptación de 'Romeo + Julieta' en 1996.
El Gran Gatsby, de F. Scott fitzgerald, es probablemente una de las novelas más influyentes del siglo pasado. En ella se reflejaba los vicios de la sociedad norteamericana durante la década de los años veinte, con sus fiestas y sus escasos valores morales. Gatsby representaba ese cruce entre el hombre rico carente de todo tipo de escrúpulos, y el ser humano que ve en la vida un vehículo para ser feliz sin necesidad de grandes lujos, tan sólo con el sentimiento universal que en ocasiones puede darle sentido a todo: el amor.
Luhrman vuelve a reinterpretar un clásico. Tras su particular visión de la obra de Shakespeare Romeo y Julieta, y mostrarnos una reinvención del famoso club nocturno parisino Moulin Rouge, el director australiano vuelve a la carga con El Gran Gatsby, una nueva perspectiva en la que el clásico es reinventado al mas puro estilo Luhrman,  en dónde la cultura pop de nuestras décadas convive con el pasado, en este caso concreto con los famosos años veinte en la ciudad de Nueva York.
La historia nos habla de un hombre multimillonario al que nadie ha visto. Él es Gatsby, famoso en toda la ciudad por dar cada fin de semana suntuosas fiestas en las que tienen cabida todo tipo de lujos y excesos, dónde el alcohol llueve a raudales y que además sirve de punto de encuentro para gente de todo tipo de clases sociales: desde estudiantes universitarios, hasta estrellas del cine. Nadie sabe de Gatsby, y sin embargo todos acuden a su mansión cada fin de semana. Pero… ¿Quién es realmente ese tal Gatsby y por qué lleva a cabo semejantes fiestas en las que, aparentemente, él ni siquiera participa?
Con esta premisa, asistimos a un desfile pirotécnico en el que el exceso es la clave de esta misteriosa e hipnótica película. Una historia épica en la que se tocan temas universales como el amor, la esperanza, el adulterio o la soledad. Todo ello en dos horas y media que no se hacen pesadas en ningún momento, y todo gracias a la maravillosa dirección de Baz Luhrman, que ha cambiado el tono crítico-social de la novela original, por un espectáculo visual que despierta todos los sentidos del espectador a base de una imponente fotografía, un vertiginoso uso de la cámara con planos que podrían parecer imposibles y una banda sonora que quita el hipo. En definitiva, El Gran Gatsby es ante todo un festín para nuestros ojos.
El gran problema que acompaña a la película durante todo su metraje, es que al final su director se acaba olvidando de la esencia de la novela y todo parece resumirse en un envoltorio precioso, pero vacío de contenido. En la traca final, cuando la tragedia llega sin previo aviso, el espectador no termina de sumergirse de lleno en la trama junto con sus personajes, sino que se limita a ver lo que ocurre de la misma forma  en que anteriormente estaba viendo las fiestas y cotillones de la alta sociedad neoyorquina. Porque, al querer crear un espectáculo durante todo el metraje, Luhrman no tuvo en cuenta que ese espectáculo impediría que el público se implicase de manera emocional en lo que ocurre en el filme.
Aún con estos fallos, la película no deja de ser todo un evento cinematográfico que nadie se debería perder. La interpretación de todos sus personajes, especialmente Leonardo DiCaprio y Carey Mulligan, es otro de los puntos fuertes de El Gran Gatsby. Ambos actores no sólo desprenden una química frenética cada vez que sus ojos se cruzan en algún momento de la película, sino que han sabido hacer suyos los personajes que Fitzgerald creó en su día, sobre todo DiCaprio, que nos regala un trabajo digno de ser reconocido con el paso del tiempo como el mejor Gatsby que el cine nos ha dado.

Al final, la cinta acaba siendo una película estimulante, trepidante y entretenida. Quizás el mensaje que el autor de la novela plasmó en su obra no esté reflejado íntegramente en la película, pero esa da igual porque El Gran Gatsby acaba siendo lo que su director pretendía: una revisión del clásico chillona, grotesca, divertida, emocionante,  en ocasiones ridícula, pero sobre todo, un desfile de originalidad, atrevimiento y valentía. Y eso, en los tiempos que corren, es más de lo que se puede pedir a una película.

Wednesday, 1 May 2013

'Un lugar donde refugiarse' y, por qué no, también para quedarse


La enésima adaptación de una novela de Nicholas Sparks llega hoy a la cartelera española. Una mezcla de amor y thriller para una historia agradable y sobre todo, muy entretenida con la que Lasse Hällstrom vuelve a ponerse tras las cámaras en un género que casi domina a la perfección: el romántico. Aunque Un lugar para refugiarse pueda parecer a primera vista la típica historia de amor que tantas veces hemos visto ya en el cine, en este caso estamos ante una excepción. Sin ser una obra maestra, la película es sin duda una muy grata sorpresa, y lo que en un principio podría parecer otra película del montón, en este caso se convierte en una historia de amor muy bien hilvanada con una trama que combina romance, intriga y, sobre todo, muchas sorpresas.
La historia nos presenta a una joven que huye de su casa por algún motivo desconocido. Un detective obsesionado con ella la acusa de asesinato, y no dudará en seguirle la pista hasta donde haga falta para dar con ella. Mientras tanto, la joven se refugia en una tranquila ciudad costera, donde conocerá a grandes personas que le traerán a su vida la calma que tanto ansía, así como el amor que ya había olvidado podía llegar a sentir.
Partiendo de esta premisa, nos encontramos con una película de casi dos horas que no aburre lo más mínimo en ni un solo minuto de su metraje. Una historia que podría ser rutinaria, típica y tópica se convierte en una historia de amor lejos de convencionalismos y, sobre todo, con personajes adultos y serios, nada que ver con las típicas relaciones pre-adolescentes a las que este género nos tiene acostumbrados.
Si bien es cierto que la película no puede evitar tener cierta estética de telefilme, la fotografía y la banda sonora son más que notables para una cinta cuyo presupuesto se nota  ha sido muy ajustado. Las interpretaciones también están por encima de la media, y todo esto junto con un guión plagado de giros inesperados hacen que al final, lo que parecía otra película del montón consiga destacar por su sencillez y lo bien contada que está su historia.
Porque lo que realmente llama la atención de Un lugar donde refugiarse y hace que suba su listón es las sorpresas que su guión nos tiene guardadas, especialmente hacia su desenlace, donde descubrimos uno de los secretos mejores guardados de toda la película que hacen que ciertas cosas cobren sentido y, además, consigan emocionarnos.
En conclusión, esta no es una obra maestra ni de lejos, pero conseguirá agradar a todos aquellos espectadores que se acerquen a ella sin ninguna pretensión y buscando simplemente aquello que nos ofrece: una historia de amor que no empalaga, entretiene y se ve con suma facilidad. Recomendable.

Thursday, 11 April 2013

Descomposición del amor, por Terrence Malick


El director estadounidense vuelve a ponerse tras las cámaras para entregarnos otra peculiar película alejada por completo de cualquier forma de hacer cine que se haya podido ver recientemente en la cartelera. Si con El árbol de la vida Malick reflexionaba sobre la vida, de dónde venimos y hacia dónde nos dirigimos, ahora en su nueva película hace lo mismo pero esta vez enfocándose en las relaciones de pareja.
Su forma de hacer cine impregna cada uno de los fotogramas de To the wonder: fotografía perfecta, banda sonora abrumadora, voz en off y apenas diálogos. Aunque la confusión a la hora de seguir la historia también está presente, en este caso no se hace tan difícil de seguir cómo ocurría con The tree of life.
To the wonder (Hacia lo maravilloso) es una metáfora de hacia dónde se dirigen los enamorados cuando se embarcan en una relación de amor. Esa 'maravilla' que está explícita en el título solamente se alcanza pasados varios años, cuando el enamoramiento inicial ya no existe y comienza entonces la verdadera prueba de amor. Aunque mejor no destripar mucho más de esta curiosa cinta, ya que es mejor verla y dejarse llevar y, sobre todo, que cada uno saque sus propias conclusiones.
Sin embargo, algo ocurre tras el visionado de esta cinta. Es cierto que al salir de la sala el espectador está abrumado por todo lo que ha visionado, por la belleza que está presente en todas las escenas de la película, por su hipnótica ambientación, por sus extraños personajes… Se va a casa dándole vueltas a la cabeza y reflexionando sobre lo que ha visualizado. Esto era algo que también pasó con El árbol de la vida. La diferencia es que con ella eran numerosos los mensajes y reflexiones que el espectador podía sacar, mientras que en To the wonder al final todo se queda en un simple capricho de su director.
Estamos ante una de esas películas que gustan más en el momento en que se ven que en retrospectiva. Al terminar de verla, hasta se puede pensar que estamos ante otra obra maestra del ambicioso director. La decepción llega pasado un día, incluso horas, después de verla. Cuando, tras mucho estrujar el cerebro intentando sonsacar lo que Malick  ha querido contar durante dos horas de película, nos damos cuenta que no hay ningún mensaje y que todo se ha quedado en un envoltorio muy bonito pero totalmente vacío en su interior.
Efectivamente, al final Malick no nos cuenta nada especialmente relevante. Una historia de amor (o desamor, según se mire) que no aporta nada nuevo y que se basa en continuas tomas de su protagonista Olga Kurylenko bailando, saltando, pensando, llorando, caminando…con una música preciosa de fondo y unos movimientos de cámara imposibles. Por otro lado, los encargados de promocionar la película vuelven a engañar a aquellos espectadores que no conozcan ni a su director ni su tipo de cine, como ya ocurrió con El árbol de la vida, de cuyas salas la gente huía hacia la salida a los quince minutos de película, ya que nos muestran a Ben Affleck como protagonista (sale varias veces, sí, pero apenas habla y la cámara casi nunca muestra su cara) y a Rachel McAdams, que solamente sale unos diez minutos en la película, e intentan dar a entender que esta es una película de amor al uso con caras conocidas. Pues no. La protagonista aquí es Olga Kurylenko y es ella la que lleva todo el peso del film. Quizás es también otro de los factores que le restan puntos a la película ya que con ella Malick ha creado un personaje con el cual no llegamos a empatizar sino todo lo contrario: cargante, infantil y sobre todo pesada, muy pesada.
Pero de todo esto uno se da cuenta cuando ha pasado un tiempo prudente después de verla. Al momento solo pensamos, como ya decía, en el formidable apartado técnico que nos apabulle por completo y nos deja hechizados durante las dos horas de metraje con su preciosa música, fotografía y paisajes. Pero todo esto no sirve para sostener una película que, al final, no tiene nada que contar.
En definitiva, decepcionante podría ser la palabra clave para resumir el último trabajo de Malick. Como experiencia es sobresaliente, pero señoras y señores, esto debe ser juzgado por lo que es, y como película no ha estado a la altura.



Wednesday, 27 March 2013

El teatrillo de Keira

Joe Wright, director de Orgullo y prejuicio y Expiación, vuelve a repetir con su musa particular en la nueva adaptación del clásico de Tolstoi Anna Karenina.
La historia la conocemos todos: Anna es una aristócrata rusa, casada y con un hijo, que se enamora perdidamente de otro hombre más joven que ella. Con el tiempo, tendrá que decidir entre su vida actual o la vida que desea tener, enfrentándose a los prejuicios y las miradas de una sociedad que rechaza a todo aquel que se salga de las convenciones establecidas por ellos mismos.
En esta nueva adaptación de la clásica novela, Wright apuesta por darle un toque personal a la historia y decide ambientar la película en un teatro. Como si de una representación se tratase, los personajes van y vienen por el escenario y a través del espacio que ocuparía el patio de butacas, a excepción de algunas escenas que prefiero no desvelar para no destripar así la metáfora que su director nos propone.
La idea es arriesgada y muy valiente, nunca antes se ha hecho en el cine y por eso es de agradecer que alguien se atreva a innovar, y en ese sentido la puesta en escena es sobresaliente y es sin duda el elemento más destacable de todo el film. 
Sin embargo, parece ser que su director pensó que con esta genial idea tenía todo ganado y no prestó demasiada atención al desarrollo de la historia en sí.
Si la obra de Tolstoi ha pasado a la Historia y ha ido trascendiendo de generación en generación hasta el punto de ser una lectura obligada de la literatura universal, es porque en ella se cuenta uno de los amores más apasionados, desgarradores y trágicos jamás escritos. El problema con esta película, es que toda esa pasión que desprendía la novela no ha sido traspasada a la gran pantalla, de forma que el famoso romance entre Anna y Alexei, y la posterior destrucción social de ella no emociona lo más mínimo al espectador y, lo que es peor, ni siquiera le interesa.
El resultado que finalmente vemos en Anna Karenina, es el de una película carente de sentimiento, de emoción, hecha de forma extremadamente fría y desganada, y eso es algo que una historia de estas características no podía permitirse.
Sus actores tampoco terminan de cuajar. Keira está bien, pero no acaba siendo la magistral Anna que todos nos esperábamos ver. Jude Law parece que, simplemente, estaba de paso y Aaron Johnsonn no pega ni con cola en el papel del seductor amante que hace perder la cabeza a la protagonista que aquí nos ocupa.
El resultado final acaba siendo un auténtico fiasco. Una película con un apartado técnico muy satisfactorio (se nota que Wright sabe lo que hace con la cámara, aunque a veces se pase de listo con algunos planos-secuencia) y, como ya dije anteriormente, una puesta en escena original y novedosa que hace que, durante algunos instantes, nos olvidemos de los tremendos fallos que tiene la película.
Una cinta que pudo haber sido épica, pero que al final termina siendo una especie de volcán emocional que no llega a explotar. Pasable sin más.

Tuesday, 12 March 2013

La comedia francesa demuestra que sigue en racha gracias a 'Incompatibles'


David Carhon firma en Incompatibles su segundo largometraje y lo hace, de nuevo, con otra comedia protagonizada esta vez por el que ha sido el actor revelación de la pasada temporada gracias a Intocable, la película francesa más taquillera de la historia y que en España logró hacerse con el primer puesto de la taquilla durante varias semanas consecutivas gracias al fenómeno boca-oreja.
La película narra la historia de dos policías. Uno de ellos, capitán de la brigada criminal de París, está acostumbrado al lujo y a codearse con otro tipo de criminales mientras que el otro, investigador de delitos financieros, ha crecido en los suburbios franceses y sabe de primera mano lo que se esconde detrás de todos esos barrios repletos de delincuencia y drogas. Sus mundos, aparentemente opuestos, tendrán que unirse para resolver el asesinato de la esposa de un líder de la patronal.
No nos engañemos. No estamos ni mucho menos ante el Intocable de este año, si bien podría parecerlo debido al personaje de Omar Sy. Es evidente que su director ha sabido agarrar la fórmula del éxito que tanto gustó a la audiencia con dicha película: hombres de clases sociales y costumbres diferentes se ven obligados a trabajar codo con codo, reflejando las disparatadas consecuencias que dicha convivencia provoca.
Carhon ha sido listo y ha vuelto a plantear una historia con el mismo fondo para llevarse al publico a sus bolsillos. El personaje de Sy es exactamente igual que el que hizo en Intocable, y en algunas ocasiones, cuando él aparece en escena, tenemos que mentalizarnos de que estamos en otra película totalmente distinta. Y esto no es nada fácil, porque parece que lo que aquí se ha hecho ha sido coger a Driss (su personaje en Intocable) e incluirle en una película que a priori podría parecer semejante, pero que es totalmente nueva. (¡Hasta algunos escenarios de la ya mencionada película vuelven a aparecer en la que aquí nos ocupa!)
Pero según la trama avanza, debemos olvidarnos de esta pequeña “pega”, según como se mire claro, y disfrutar. Porque en sí Incompatibles es eso, puro disfrute y entretenimiento con unas actuaciones de lujo y un argumento que no aburre lo más mínimo durante la hora y media de película. La química entre los dos protagonistas esta más que lograda. Sy, como no podía ser de otra forma, se desenvuelve como pez en el agua en un registro que ya conoce de sobra. Y aunque nosotros también lo conocemos, volvemos a reir a carcajadas con algunos de los momentazos que protagoniza en la película.
Su compañero de reparto, Laurent Lafitte sorprende. Y es una sorpresa muy grata porque sabe encajar el rol de “estirado” y arrogante a la perfección.  Es un tipo que podría parecer odioso, pero se le coge cariño desde que entra en escena, y entonces le acompañamos a él y al ya citado Sy en sus aventuras y desventuras por París, viendo que sería imposible haber seleccionado a un dúo cómico para la ocasión mejor que éste.
Rodada con pulso firme, con escenas de acción que no tienen nada que envidiar a las superproducciones estadounidenses y con un desarrollo envidiable en el que no decae el interés ni un solo momento, Incompatibles es la película perfecta para pasar un buen rato en el cine. Pese a sus defectos (que los tiene) el resultado final ofrece todo lo que cabía esperar de ella. Porque, como ya dije, tiene absolutamente todos los ingredientes para convertirse en el mejor entretenimiento de la cartelera: risas, acción, suspense y, sobre todo, dos actores a la altura que encima parecen haberlo pasado en grande durante el rodaje de la película.
Recomendable para todos los públicos, pero que esto no lleve a engaño: busquen en ella una diversión de calidad, y no la obra maestra que no es. Pero sobre todo, Incompatibles es muchísimo más recomendable aún para aquellos que, tras Intocable, se quedaron con más ganas de Omar Sy. O de Driss, mejor dicho.

Friday, 8 March 2013

Una visión diferente de la guerra con la última película de Sergei Loznitsa: 'En la niebla'


Conocido sobre todo por sus documentales, y especialmente por My Joy,  su anterior película que además fue nominada a la palma de Oro en el Festival de Cannes de 2010, el director bielorruso Sergei Loznitsa estrena película este viernes 8 en la cartelera española con En la niebla,  film que retrata la historia de un partisano de la resistencia bielorrusa durante la ocupación nazi en la II Guerra Mundial,  acusado de traición por sus demás compañeros, que tendrá que demostrar su inocencia en medio de una guerra que parece estar lejos de acabarse.
Nos encontramos aquí con tres personajes. Uno de ellos es el protagonista de la película al que acusan de haber infligido un delito que, según él, nunca ha tenido lugar. Y por otro lado están dos de sus antiguos amigos que ahora quieren verle muerto por traidor. Sin embargo, las cosas no saldrán como todos ellos esperan y el destino de estos tres partisandos fluirá hacia atrás y hacia adelante, siendo el espectador testigo de aquello que ha llevado a estos tres hombres a llegar al punto en el que se encuentran, y los motivos por los que esto ha tenido lugar.
Nominada el pasado año a la Palma de Oro, y ganadora del premio FIPRESCI, Loznitsa plantea una historia en un principio prometedora. Lo que a él le interesa no son los disparos, las bombas y demás desfiles pirotécnicos presentes en la mayoría de las cintas bélicas, sino las consecuencias devastadoras que la guerra provoca en los individuos, cambiándolos por completo. Así, En la niebla es sobre todo una historia de personajes, tres personajes para ser exactos, y son ellos los que llevan todo el peso de la película. Sus dudas, miedos, anhelos y esperanzas son las bases sobre las que se sustenta esta película, y con las que el film va avanzado progresivamente durante las más de dos horas de metraje.
Sin embargo, lo que al comienzo podría haber sido una gran película, el director bielorruso lo estira hasta el exceso, haciendo así una cinta cuyo metraje parece haberse rellenado con continuos silencios e interminables planos que acaban por agotar al espectador. Es evidente que las intenciones de su director eran crean una historia densa y sobre todo cargada de una gran intensidad emocional. El problema es que se queda a medias, ya que se ahoga en sus propias pretensiones y con ello acaba realizando una película que, aunque no es mala ni mucho menos, se hace muy difícil de seguir por su pesadez narrativa y su extremada lentitud.
Destaca eso sí las interpretaciones del trío protagonista, pero especialmente de su atormentado personaje principal, al que da vida Vladimir Svirski. Son ellos los que llevan todo el peso de la acción y consiguen transmitirnos una gran empatía, desde el que es bueno en el minuto cero hasta el que en un principio parecía el villano de la función.
En conclusión, En la niebla es un film que podría haber dado mucho más de si. Pero decepciona  el hecho de que al terminar de verla, se tenga la sensación de que podría haberse sacado mucho más partido a su historia, si no hubiese tenido un desarrollo tan lento. Como película no pasa del aprobado, sin embargo si se tiene en cuenta su valor histórico, resulta altamente recomendable ya no sólo por ver los efectos de la guerra en los seres humanos, sino sobre todo por ser un fiel retrato de la sociedad rural bielorrusa de la época, y de las miserias por las que pasaron durante la II Guerra Mundial.

Monday, 4 March 2013

El nacimiento de una leyenda


Han pasado ochenta años desde el estreno de 'King Kong ', la mítica película de aventuras que forma parte de la Historia del Cine y que permanecerá siempre en los corazones de los espectadores.
Ochenta años se dicen pronto, pero ese es el tiempo que ha pasado desde que llegó el icónico primate de enormes dimensiones a la gran pantalla. Aunque dentro de las películas la gente le temía, fuera de la pantalla inspiraba amor y compasión ya que nosotros, los espectadores, sabíamos lo que se escondía dentro del aparentemente feroz gorila.
No se trataba de un monstruo, aunque todos lo creyesen. E hizo falta que se encontrara con una aspirante actriz en busca de fama para sacar a relucir su lado más sensible.  Protagonista de varias películas así como también ha sido imagen de cientos de libros, videojuegos y series de televisión, King Kong es todo un referente ya no sólo del cine, sino también de la cultura popular moderna.
Habitante y rey de la Isla Calavera, es temido por los primitivos que habitan en ella, que realizan  rituales humanos en favor del temido “monstruo” porque creen que así éste no les atacará. Precisamente como tributo le fue entregada la actriz Ann Darrow, joven rubia y de belleza angelical que hizo que el gigantesco simio no pudiese resistirse a sus encantos, quedando prendado de su belleza.
Así arrancaba una de las películas más importantes del pasado siglo y que más ha influenciado al género de aventuras.  Ideada por Merian C. Cooper, cuenta la leyenda que la idea de realizar esta historia surgió tras un sueño que tuvo en el que un enorme gorila destrozaba la ciudad de Nueva York. Esta idea, combinada con algo de El mundo perdido de Arthur Conan Doyle y  La tierra que el mundo olvidó, de Edgar Rice Burroughs, dio como resultado final el archiconocido argumento que aquí nos ocupa.
Producida por David O. Selznick, fue él quién decidió el nombre de King Kong para la película, después de haber barajado otros posibles títulos. Cuando todo estuvo listo, comenzó el rodaje siendo lo más difícil del proyecto la creación del gorila que daba nombre a la película. Antes no era como ahora, que disponemos de todo tipo de tecnología para crear cosas que antes hubiesen sido inimaginables. En aquella época, todo se construyó por medio de maquetas y movimientos filmados a través de la técnica del stop-motion, es decir, fotograma a fotograma. Adaptada en incontables ocasiones, en cine destaca sobre todo la grandilocuente versión realizada por Peter Jackson en 2005, película de tres horas de duración que retomaba la historia original con una fidelidad milimetrada.
King Kong se estrenó hace ochenta años. Ochenta años desde que la gente disfrutó, temió y se emocionó con esta atemporal historia sobre el mito de la bella y la bestia. Una película histórica, que cualquier aficionado al cine no debe dejar escapar.