Wednesday, 27 March 2013

El teatrillo de Keira

Joe Wright, director de Orgullo y prejuicio y Expiación, vuelve a repetir con su musa particular en la nueva adaptación del clásico de Tolstoi Anna Karenina.
La historia la conocemos todos: Anna es una aristócrata rusa, casada y con un hijo, que se enamora perdidamente de otro hombre más joven que ella. Con el tiempo, tendrá que decidir entre su vida actual o la vida que desea tener, enfrentándose a los prejuicios y las miradas de una sociedad que rechaza a todo aquel que se salga de las convenciones establecidas por ellos mismos.
En esta nueva adaptación de la clásica novela, Wright apuesta por darle un toque personal a la historia y decide ambientar la película en un teatro. Como si de una representación se tratase, los personajes van y vienen por el escenario y a través del espacio que ocuparía el patio de butacas, a excepción de algunas escenas que prefiero no desvelar para no destripar así la metáfora que su director nos propone.
La idea es arriesgada y muy valiente, nunca antes se ha hecho en el cine y por eso es de agradecer que alguien se atreva a innovar, y en ese sentido la puesta en escena es sobresaliente y es sin duda el elemento más destacable de todo el film. 
Sin embargo, parece ser que su director pensó que con esta genial idea tenía todo ganado y no prestó demasiada atención al desarrollo de la historia en sí.
Si la obra de Tolstoi ha pasado a la Historia y ha ido trascendiendo de generación en generación hasta el punto de ser una lectura obligada de la literatura universal, es porque en ella se cuenta uno de los amores más apasionados, desgarradores y trágicos jamás escritos. El problema con esta película, es que toda esa pasión que desprendía la novela no ha sido traspasada a la gran pantalla, de forma que el famoso romance entre Anna y Alexei, y la posterior destrucción social de ella no emociona lo más mínimo al espectador y, lo que es peor, ni siquiera le interesa.
El resultado que finalmente vemos en Anna Karenina, es el de una película carente de sentimiento, de emoción, hecha de forma extremadamente fría y desganada, y eso es algo que una historia de estas características no podía permitirse.
Sus actores tampoco terminan de cuajar. Keira está bien, pero no acaba siendo la magistral Anna que todos nos esperábamos ver. Jude Law parece que, simplemente, estaba de paso y Aaron Johnsonn no pega ni con cola en el papel del seductor amante que hace perder la cabeza a la protagonista que aquí nos ocupa.
El resultado final acaba siendo un auténtico fiasco. Una película con un apartado técnico muy satisfactorio (se nota que Wright sabe lo que hace con la cámara, aunque a veces se pase de listo con algunos planos-secuencia) y, como ya dije anteriormente, una puesta en escena original y novedosa que hace que, durante algunos instantes, nos olvidemos de los tremendos fallos que tiene la película.
Una cinta que pudo haber sido épica, pero que al final termina siendo una especie de volcán emocional que no llega a explotar. Pasable sin más.

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