Saturday, 27 July 2013

Todo por... ¿Amor?

Creía entenderlos, los sentimientos. Creía que sería capaz de controlarlos, de hacer que fuesen y viniesen a mi antojo… Creía que todo duraría para siempre, los momentos. Pero lo eterno no existe, y al final todos se van y nosotros con ellos, o al menos una parte. Porque todos estamos hechos de todas y cada una de las personas que se cruzan en nuestra vida, y lo que somos ahora es el resultado de tantas y tantas cosas, tantos momentos y tanta gente que sería imposible enumerarlas todas. Algunas nos marcan más que otras, y aquí es cuando todos hablan del primer amor. No de amistades, ni de familia… sino de ese sentimiento que hasta entonces era desconocido y que nos recorre por dentro y nos sacude como un vendaval. Nos nubla la vista, nos destroza el estomago, nos hace ciegos, pero felices… Bendita ignorancia, al fin y al cabo. Porque… ¿Qué mas dará si todo se hace añicos a nuestro alrededor mientras que tengamos un poquito de amor?  Pero hay otro amor, del que más nos hablan los libros y las películas, y es el amor no correspondido. Un amor que mata, que quema, que duele… Ay amor. ¿Por qué al final todo se limita a eso?  Todo por amor. Años y años de evolución para que al final una opresión en el pecho haga que nos volvamos locos y cometamos las mayores locuras en su nombre….

Foto: Like Crazy

Thursday, 25 July 2013

Entonces... ¿QUÉ?

- ¿Bueno entonces qué?

- ¿Te refieres a si me gusta o no?

- No, me refiero a si te gusta la Fanta o la Coca-Cola... ¡Pues claro que me refiero a eso!

-No lo sé, supongo que si...

- ¿Lo supones...? O te gusta o no, tampoco es tan dificil...

-A veces creo que si, pero otras la veo tan lejos, tan inalcanzable, que es como si todo se derrumbara.. Es algo dificil de explicar.

- No, no es dificil. Lo que te pasa es que te aferras a algo que en realidad no existe, te pasas las horas pensando en "lo bonito que podria llegar a ser" cuando en realidad no hay nada material, no hay hechos, no hay situaciones ni tampoco momentos. Tan solo ilusiones y probabilidades. Y aunque la gente se empeñe en creer que lo improbable es por definicion probable, la cruda realidad es que aunque dos personas se gusten, ambos tienen que tirar del barco por que si no se hunde. Y cuando el barco se queda anclado viene la tarea mas dificil de todas, y esta es volver a moverlo de nuevo. Por eso yo creo que en realidad ella no te gusta... te gusta la idea equivocada que tienes de ella porque tu mismo la has ido ideando de la forma que te gustaria que ella fuera, y la forma en que te gustaria que las cosas fueran. Pero siento decirte, que la unica verdad tangible es lo que puedes ver y tocar... Por eso yo solo creo en lo que veo.

-¿Y el roze hace el cariño, verdad?


-Exacto.

500 days of summer

Sunday, 2 June 2013

'Gatsby ' vuelve a los cines con el mayor espectáculo visual jamás visto

El director australiano regresa a la gran pantalla de la mano de Leonardo Dicaprio, actor con el que no trabajaba desde la adaptación de 'Romeo + Julieta' en 1996.
El Gran Gatsby, de F. Scott fitzgerald, es probablemente una de las novelas más influyentes del siglo pasado. En ella se reflejaba los vicios de la sociedad norteamericana durante la década de los años veinte, con sus fiestas y sus escasos valores morales. Gatsby representaba ese cruce entre el hombre rico carente de todo tipo de escrúpulos, y el ser humano que ve en la vida un vehículo para ser feliz sin necesidad de grandes lujos, tan sólo con el sentimiento universal que en ocasiones puede darle sentido a todo: el amor.
Luhrman vuelve a reinterpretar un clásico. Tras su particular visión de la obra de Shakespeare Romeo y Julieta, y mostrarnos una reinvención del famoso club nocturno parisino Moulin Rouge, el director australiano vuelve a la carga con El Gran Gatsby, una nueva perspectiva en la que el clásico es reinventado al mas puro estilo Luhrman,  en dónde la cultura pop de nuestras décadas convive con el pasado, en este caso concreto con los famosos años veinte en la ciudad de Nueva York.
La historia nos habla de un hombre multimillonario al que nadie ha visto. Él es Gatsby, famoso en toda la ciudad por dar cada fin de semana suntuosas fiestas en las que tienen cabida todo tipo de lujos y excesos, dónde el alcohol llueve a raudales y que además sirve de punto de encuentro para gente de todo tipo de clases sociales: desde estudiantes universitarios, hasta estrellas del cine. Nadie sabe de Gatsby, y sin embargo todos acuden a su mansión cada fin de semana. Pero… ¿Quién es realmente ese tal Gatsby y por qué lleva a cabo semejantes fiestas en las que, aparentemente, él ni siquiera participa?
Con esta premisa, asistimos a un desfile pirotécnico en el que el exceso es la clave de esta misteriosa e hipnótica película. Una historia épica en la que se tocan temas universales como el amor, la esperanza, el adulterio o la soledad. Todo ello en dos horas y media que no se hacen pesadas en ningún momento, y todo gracias a la maravillosa dirección de Baz Luhrman, que ha cambiado el tono crítico-social de la novela original, por un espectáculo visual que despierta todos los sentidos del espectador a base de una imponente fotografía, un vertiginoso uso de la cámara con planos que podrían parecer imposibles y una banda sonora que quita el hipo. En definitiva, El Gran Gatsby es ante todo un festín para nuestros ojos.
El gran problema que acompaña a la película durante todo su metraje, es que al final su director se acaba olvidando de la esencia de la novela y todo parece resumirse en un envoltorio precioso, pero vacío de contenido. En la traca final, cuando la tragedia llega sin previo aviso, el espectador no termina de sumergirse de lleno en la trama junto con sus personajes, sino que se limita a ver lo que ocurre de la misma forma  en que anteriormente estaba viendo las fiestas y cotillones de la alta sociedad neoyorquina. Porque, al querer crear un espectáculo durante todo el metraje, Luhrman no tuvo en cuenta que ese espectáculo impediría que el público se implicase de manera emocional en lo que ocurre en el filme.
Aún con estos fallos, la película no deja de ser todo un evento cinematográfico que nadie se debería perder. La interpretación de todos sus personajes, especialmente Leonardo DiCaprio y Carey Mulligan, es otro de los puntos fuertes de El Gran Gatsby. Ambos actores no sólo desprenden una química frenética cada vez que sus ojos se cruzan en algún momento de la película, sino que han sabido hacer suyos los personajes que Fitzgerald creó en su día, sobre todo DiCaprio, que nos regala un trabajo digno de ser reconocido con el paso del tiempo como el mejor Gatsby que el cine nos ha dado.

Al final, la cinta acaba siendo una película estimulante, trepidante y entretenida. Quizás el mensaje que el autor de la novela plasmó en su obra no esté reflejado íntegramente en la película, pero esa da igual porque El Gran Gatsby acaba siendo lo que su director pretendía: una revisión del clásico chillona, grotesca, divertida, emocionante,  en ocasiones ridícula, pero sobre todo, un desfile de originalidad, atrevimiento y valentía. Y eso, en los tiempos que corren, es más de lo que se puede pedir a una película.

Wednesday, 1 May 2013

'Un lugar donde refugiarse' y, por qué no, también para quedarse


La enésima adaptación de una novela de Nicholas Sparks llega hoy a la cartelera española. Una mezcla de amor y thriller para una historia agradable y sobre todo, muy entretenida con la que Lasse Hällstrom vuelve a ponerse tras las cámaras en un género que casi domina a la perfección: el romántico. Aunque Un lugar para refugiarse pueda parecer a primera vista la típica historia de amor que tantas veces hemos visto ya en el cine, en este caso estamos ante una excepción. Sin ser una obra maestra, la película es sin duda una muy grata sorpresa, y lo que en un principio podría parecer otra película del montón, en este caso se convierte en una historia de amor muy bien hilvanada con una trama que combina romance, intriga y, sobre todo, muchas sorpresas.
La historia nos presenta a una joven que huye de su casa por algún motivo desconocido. Un detective obsesionado con ella la acusa de asesinato, y no dudará en seguirle la pista hasta donde haga falta para dar con ella. Mientras tanto, la joven se refugia en una tranquila ciudad costera, donde conocerá a grandes personas que le traerán a su vida la calma que tanto ansía, así como el amor que ya había olvidado podía llegar a sentir.
Partiendo de esta premisa, nos encontramos con una película de casi dos horas que no aburre lo más mínimo en ni un solo minuto de su metraje. Una historia que podría ser rutinaria, típica y tópica se convierte en una historia de amor lejos de convencionalismos y, sobre todo, con personajes adultos y serios, nada que ver con las típicas relaciones pre-adolescentes a las que este género nos tiene acostumbrados.
Si bien es cierto que la película no puede evitar tener cierta estética de telefilme, la fotografía y la banda sonora son más que notables para una cinta cuyo presupuesto se nota  ha sido muy ajustado. Las interpretaciones también están por encima de la media, y todo esto junto con un guión plagado de giros inesperados hacen que al final, lo que parecía otra película del montón consiga destacar por su sencillez y lo bien contada que está su historia.
Porque lo que realmente llama la atención de Un lugar donde refugiarse y hace que suba su listón es las sorpresas que su guión nos tiene guardadas, especialmente hacia su desenlace, donde descubrimos uno de los secretos mejores guardados de toda la película que hacen que ciertas cosas cobren sentido y, además, consigan emocionarnos.
En conclusión, esta no es una obra maestra ni de lejos, pero conseguirá agradar a todos aquellos espectadores que se acerquen a ella sin ninguna pretensión y buscando simplemente aquello que nos ofrece: una historia de amor que no empalaga, entretiene y se ve con suma facilidad. Recomendable.

Thursday, 11 April 2013

Descomposición del amor, por Terrence Malick


El director estadounidense vuelve a ponerse tras las cámaras para entregarnos otra peculiar película alejada por completo de cualquier forma de hacer cine que se haya podido ver recientemente en la cartelera. Si con El árbol de la vida Malick reflexionaba sobre la vida, de dónde venimos y hacia dónde nos dirigimos, ahora en su nueva película hace lo mismo pero esta vez enfocándose en las relaciones de pareja.
Su forma de hacer cine impregna cada uno de los fotogramas de To the wonder: fotografía perfecta, banda sonora abrumadora, voz en off y apenas diálogos. Aunque la confusión a la hora de seguir la historia también está presente, en este caso no se hace tan difícil de seguir cómo ocurría con The tree of life.
To the wonder (Hacia lo maravilloso) es una metáfora de hacia dónde se dirigen los enamorados cuando se embarcan en una relación de amor. Esa 'maravilla' que está explícita en el título solamente se alcanza pasados varios años, cuando el enamoramiento inicial ya no existe y comienza entonces la verdadera prueba de amor. Aunque mejor no destripar mucho más de esta curiosa cinta, ya que es mejor verla y dejarse llevar y, sobre todo, que cada uno saque sus propias conclusiones.
Sin embargo, algo ocurre tras el visionado de esta cinta. Es cierto que al salir de la sala el espectador está abrumado por todo lo que ha visionado, por la belleza que está presente en todas las escenas de la película, por su hipnótica ambientación, por sus extraños personajes… Se va a casa dándole vueltas a la cabeza y reflexionando sobre lo que ha visualizado. Esto era algo que también pasó con El árbol de la vida. La diferencia es que con ella eran numerosos los mensajes y reflexiones que el espectador podía sacar, mientras que en To the wonder al final todo se queda en un simple capricho de su director.
Estamos ante una de esas películas que gustan más en el momento en que se ven que en retrospectiva. Al terminar de verla, hasta se puede pensar que estamos ante otra obra maestra del ambicioso director. La decepción llega pasado un día, incluso horas, después de verla. Cuando, tras mucho estrujar el cerebro intentando sonsacar lo que Malick  ha querido contar durante dos horas de película, nos damos cuenta que no hay ningún mensaje y que todo se ha quedado en un envoltorio muy bonito pero totalmente vacío en su interior.
Efectivamente, al final Malick no nos cuenta nada especialmente relevante. Una historia de amor (o desamor, según se mire) que no aporta nada nuevo y que se basa en continuas tomas de su protagonista Olga Kurylenko bailando, saltando, pensando, llorando, caminando…con una música preciosa de fondo y unos movimientos de cámara imposibles. Por otro lado, los encargados de promocionar la película vuelven a engañar a aquellos espectadores que no conozcan ni a su director ni su tipo de cine, como ya ocurrió con El árbol de la vida, de cuyas salas la gente huía hacia la salida a los quince minutos de película, ya que nos muestran a Ben Affleck como protagonista (sale varias veces, sí, pero apenas habla y la cámara casi nunca muestra su cara) y a Rachel McAdams, que solamente sale unos diez minutos en la película, e intentan dar a entender que esta es una película de amor al uso con caras conocidas. Pues no. La protagonista aquí es Olga Kurylenko y es ella la que lleva todo el peso del film. Quizás es también otro de los factores que le restan puntos a la película ya que con ella Malick ha creado un personaje con el cual no llegamos a empatizar sino todo lo contrario: cargante, infantil y sobre todo pesada, muy pesada.
Pero de todo esto uno se da cuenta cuando ha pasado un tiempo prudente después de verla. Al momento solo pensamos, como ya decía, en el formidable apartado técnico que nos apabulle por completo y nos deja hechizados durante las dos horas de metraje con su preciosa música, fotografía y paisajes. Pero todo esto no sirve para sostener una película que, al final, no tiene nada que contar.
En definitiva, decepcionante podría ser la palabra clave para resumir el último trabajo de Malick. Como experiencia es sobresaliente, pero señoras y señores, esto debe ser juzgado por lo que es, y como película no ha estado a la altura.



Wednesday, 27 March 2013

El teatrillo de Keira

Joe Wright, director de Orgullo y prejuicio y Expiación, vuelve a repetir con su musa particular en la nueva adaptación del clásico de Tolstoi Anna Karenina.
La historia la conocemos todos: Anna es una aristócrata rusa, casada y con un hijo, que se enamora perdidamente de otro hombre más joven que ella. Con el tiempo, tendrá que decidir entre su vida actual o la vida que desea tener, enfrentándose a los prejuicios y las miradas de una sociedad que rechaza a todo aquel que se salga de las convenciones establecidas por ellos mismos.
En esta nueva adaptación de la clásica novela, Wright apuesta por darle un toque personal a la historia y decide ambientar la película en un teatro. Como si de una representación se tratase, los personajes van y vienen por el escenario y a través del espacio que ocuparía el patio de butacas, a excepción de algunas escenas que prefiero no desvelar para no destripar así la metáfora que su director nos propone.
La idea es arriesgada y muy valiente, nunca antes se ha hecho en el cine y por eso es de agradecer que alguien se atreva a innovar, y en ese sentido la puesta en escena es sobresaliente y es sin duda el elemento más destacable de todo el film. 
Sin embargo, parece ser que su director pensó que con esta genial idea tenía todo ganado y no prestó demasiada atención al desarrollo de la historia en sí.
Si la obra de Tolstoi ha pasado a la Historia y ha ido trascendiendo de generación en generación hasta el punto de ser una lectura obligada de la literatura universal, es porque en ella se cuenta uno de los amores más apasionados, desgarradores y trágicos jamás escritos. El problema con esta película, es que toda esa pasión que desprendía la novela no ha sido traspasada a la gran pantalla, de forma que el famoso romance entre Anna y Alexei, y la posterior destrucción social de ella no emociona lo más mínimo al espectador y, lo que es peor, ni siquiera le interesa.
El resultado que finalmente vemos en Anna Karenina, es el de una película carente de sentimiento, de emoción, hecha de forma extremadamente fría y desganada, y eso es algo que una historia de estas características no podía permitirse.
Sus actores tampoco terminan de cuajar. Keira está bien, pero no acaba siendo la magistral Anna que todos nos esperábamos ver. Jude Law parece que, simplemente, estaba de paso y Aaron Johnsonn no pega ni con cola en el papel del seductor amante que hace perder la cabeza a la protagonista que aquí nos ocupa.
El resultado final acaba siendo un auténtico fiasco. Una película con un apartado técnico muy satisfactorio (se nota que Wright sabe lo que hace con la cámara, aunque a veces se pase de listo con algunos planos-secuencia) y, como ya dije anteriormente, una puesta en escena original y novedosa que hace que, durante algunos instantes, nos olvidemos de los tremendos fallos que tiene la película.
Una cinta que pudo haber sido épica, pero que al final termina siendo una especie de volcán emocional que no llega a explotar. Pasable sin más.

Tuesday, 12 March 2013

La comedia francesa demuestra que sigue en racha gracias a 'Incompatibles'


David Carhon firma en Incompatibles su segundo largometraje y lo hace, de nuevo, con otra comedia protagonizada esta vez por el que ha sido el actor revelación de la pasada temporada gracias a Intocable, la película francesa más taquillera de la historia y que en España logró hacerse con el primer puesto de la taquilla durante varias semanas consecutivas gracias al fenómeno boca-oreja.
La película narra la historia de dos policías. Uno de ellos, capitán de la brigada criminal de París, está acostumbrado al lujo y a codearse con otro tipo de criminales mientras que el otro, investigador de delitos financieros, ha crecido en los suburbios franceses y sabe de primera mano lo que se esconde detrás de todos esos barrios repletos de delincuencia y drogas. Sus mundos, aparentemente opuestos, tendrán que unirse para resolver el asesinato de la esposa de un líder de la patronal.
No nos engañemos. No estamos ni mucho menos ante el Intocable de este año, si bien podría parecerlo debido al personaje de Omar Sy. Es evidente que su director ha sabido agarrar la fórmula del éxito que tanto gustó a la audiencia con dicha película: hombres de clases sociales y costumbres diferentes se ven obligados a trabajar codo con codo, reflejando las disparatadas consecuencias que dicha convivencia provoca.
Carhon ha sido listo y ha vuelto a plantear una historia con el mismo fondo para llevarse al publico a sus bolsillos. El personaje de Sy es exactamente igual que el que hizo en Intocable, y en algunas ocasiones, cuando él aparece en escena, tenemos que mentalizarnos de que estamos en otra película totalmente distinta. Y esto no es nada fácil, porque parece que lo que aquí se ha hecho ha sido coger a Driss (su personaje en Intocable) e incluirle en una película que a priori podría parecer semejante, pero que es totalmente nueva. (¡Hasta algunos escenarios de la ya mencionada película vuelven a aparecer en la que aquí nos ocupa!)
Pero según la trama avanza, debemos olvidarnos de esta pequeña “pega”, según como se mire claro, y disfrutar. Porque en sí Incompatibles es eso, puro disfrute y entretenimiento con unas actuaciones de lujo y un argumento que no aburre lo más mínimo durante la hora y media de película. La química entre los dos protagonistas esta más que lograda. Sy, como no podía ser de otra forma, se desenvuelve como pez en el agua en un registro que ya conoce de sobra. Y aunque nosotros también lo conocemos, volvemos a reir a carcajadas con algunos de los momentazos que protagoniza en la película.
Su compañero de reparto, Laurent Lafitte sorprende. Y es una sorpresa muy grata porque sabe encajar el rol de “estirado” y arrogante a la perfección.  Es un tipo que podría parecer odioso, pero se le coge cariño desde que entra en escena, y entonces le acompañamos a él y al ya citado Sy en sus aventuras y desventuras por París, viendo que sería imposible haber seleccionado a un dúo cómico para la ocasión mejor que éste.
Rodada con pulso firme, con escenas de acción que no tienen nada que envidiar a las superproducciones estadounidenses y con un desarrollo envidiable en el que no decae el interés ni un solo momento, Incompatibles es la película perfecta para pasar un buen rato en el cine. Pese a sus defectos (que los tiene) el resultado final ofrece todo lo que cabía esperar de ella. Porque, como ya dije, tiene absolutamente todos los ingredientes para convertirse en el mejor entretenimiento de la cartelera: risas, acción, suspense y, sobre todo, dos actores a la altura que encima parecen haberlo pasado en grande durante el rodaje de la película.
Recomendable para todos los públicos, pero que esto no lleve a engaño: busquen en ella una diversión de calidad, y no la obra maestra que no es. Pero sobre todo, Incompatibles es muchísimo más recomendable aún para aquellos que, tras Intocable, se quedaron con más ganas de Omar Sy. O de Driss, mejor dicho.