Tuesday, 11 September 2012

Puñaladas de realidad


 Von Trier se ha convertido de forma lenta pero inexorable, en uno de mis directores favoritos sin lugar a dudas. Sus películas tienen algo mágico que hacen que me adentre en su particular mundo y forme parte de historias tan fantásticas y hermosas, pero también tristes y brutalmente demoledoras. Porque si hay algo que tienen en común en todas las películas del director danés, es que no se permiten la licencia de dar concesiones al espectador. Simplemente se nos presenta una historia, y se va desarrollando delante de nuestros ojos con todas sus consecuencias. Asistimos así a un espectáculo de emociones digno de ser disfrutado, pero sobre todo, de sentirse. Aunque es cierto que con los años Lars Von Trier ha ido desvariando, se ha alejado por completo del dogma y ha dirigido películas cuya calidad dista mucho de sus primeros films (veáse Anticristo o Melancholia), siempre será recordado por regalarnos auténticas obras maestras como "Rompiendo las olas" o "Bailar en la oscuridad", dos de sus películas con mayor reconocimiento internacional.
Me gusta el cine de Von Trier porque no muestra en pantalla lo que nosotros queremos ver, algo a lo que los grandes estudios de Hollywood por desgracia nos tienen más que acostumbrados, sino que enseña aquello que él quiere que veamos. No le importa levantar ampollas, o destrozar el aguante psicológico de sus espectadores. Se limita a contar una historia y a desarrollarla y desmenuzarla de la forma en que a él le da la real gana. Sus personajes sufren, son humillados, destrozados, despojados de su dignididad, pero también aman, son felices, defienden sus ideales(o no) pero en definitiva... viven.
La vida. Ese es el eje sobre el que giran todas sus peliculas. La vida en todas sus facetas posibles: la vida en pareja, la vida en sociedad, la vida de la alta burguesía, la vida de las clases más desfavorecidas... Haciendo uso de una intensa crítica social, el director danés utiliza todo lo que está en sus manos para abarcar los aspectos más importantes del ser humano en todas sus películas, dando eso sí su particular visión al respecto y abriendo la veda a intensos debates.
En "Los idiotas", su película más idolatrada y odiada a partes iguales, nos mostraba a un grupo de gente de clase media-alta que se reunía para hacerse pasar por disminuidos psíquicos. Con esta premisa en apariencia simple y sencilla, Lars Von Trier consiguió remover la conciencia individual del mundo entero (entre los que me incluyo) y sobre todo nos hizo reflexionar y pensar sobre la sociedad en la que vivimos, en la que somos incapaces de defender nuestras ideas, pensamientos, valores y principios por el temor al qué dirán, siendo todos al fin y al cabo un rebaño de ovejas.
Pero antes de esta espectacular obra maestra, el danés dirigió "Rompiendo las olas", un intenso drama cuyo eje argumental se centraba en la capacidad que tiene el amor de salvar a las personas. O quizás hablase de como el amor nos destroza y hace que nos humillemos y degrademos  hasta límites insospechados. No sé cual de las dos interpretaciones es la más acertada, quizás ambas lo sean, o quizás ninguna, pero lo que si sé es que tras visionar esta película asistí a un verdadero huracán emocional en el que Von Trier deja aturdido al espectador con una historia de amor como nunca antes se había visto en la gran pantalla, en la que a pesar de dejar K.O a su audiencia por lo dramático de su historia, hay un hueco para la esperanza y la fe en el ser humano.
Mas tarde Lars volvería a tocar hondo el ánimo de su público con "Bailar en la oscuridad" y "Dogville". La primera es la historia de una mujer ciega condenada injustamente por un sistema corrupto, y la segunda muestra hasta donde es capaz de llegar el ser humano cuando tiene poder sobre otra persona y puede hacer con ella lo que le venga en gana. Salta a la vista pues, que ante todo, este director hace cine social. Cine grande, duro, desgarrador, pero importante, necesario y útil. Sus películas no van a cambiar el mundo, pero si dejarán reflexionando sobre la sociedad en la que vivimos a todo aquel que tenga el valor y el coraje para atreverse con ellas.
Básicamente, estas cuatro películas bastan y sobran para poder decir que Lars Von Trier es un auténtico genio. Despues de ellas vendrían "Manderlay" (secuela de Dogville pero centrados en otros aspectos sociales como la esclavitud) la polémica y provocadora "Anticristo" y su último trabajo: Melancholia.
Debo decir que en "Anticristo" a Von Trier se le fue el asunto de las manos, y acabó rodando una película de terror psicológico, por clasificarla de alguna manera, en la que la genialidad que le caracteriza brilla por su ausencia, y se limita a buscar la provocacion con escenas muy subidas de tono, ya sea haciendo uso del sexo explícito (recurso que ya utilizó en "Los idiotas" pero no de forma  injustificada como en este caso) como de la violencia más gratuita. Por su parte, "Melancholia" narra la celebración de una boda en una alejada mansion de campo en Dinamarca, a escasos días de que el planeta Melancholia choque contra la Tierra. La película en sí no es mala, ni mucho menos, pero carece de la emoción y el carisma de sus anteriores trabajos, así como de esa capacidad de sacudida interior que tenían sus primeras peliculas.
En resumidas cuentas, Lars Von Trier es el salvador del cine en estado puro. Sus dos ultimos trabajos no están a la altura, eso es cierto, pero el valor que tienen todas sus películas anteriores son más que suficientes como para poder decir que estamos ante uno de los mejores directores del siglo XXI. Desde aquí, recomiendo no perderse a este inmenso director a aquellos que se atrevan con algo diferente. Aviso  que sus peliculas no son para todos los gustos, pero si hay algo en lo que estarán de acuerdo conmigo, es que a día de hoy son muy pocos los directores capaces de lograr que su cine no sólo se apodere de nuestro alma y de nuestros sentimientos, sino que tambien nos haga pensar y reflexionar tantísimo como el de Von Trier. Indispensable descubrirle, no se arrepentirán.

Wednesday, 5 September 2012

"Un dios salvaje" o de como volverse loco en el siglo XXI


Polanski se atreve con la adaptacion de una obra de teatro en su última película: "Un dios salvaje".
La historia nos habla de dos matrimonios que se reunen para hablar sobre una pelea acaecida entre sus respectivos hijos, en la que uno de ellos acabo herido al ser golpeado con la rama de un árbol, perdiendo dos dientes.
En un principio, todo parece ser de lo más normal. Ambos matrimonios conversan educadamente, intercambian opiniones, toman café entre risas corteses...  pero poco a poco se empiezan a dejar ver ciertos resquemores que comienzan a salir a la superficie. Lo que habia empezado como una conversacion amistosa y agradable, empieza a convertirse en una acalorada discusion en la que ambos padres se culpan los unos a los otros, en un "tour de force" entre la pareja formada por Kate Winslet y Cristoph Waltz, y Jodie Fosteer y John C. Reilly.
Sin ser una pelicula redonda, "Un dios salvaje" me ha parecido un film más que correcto. Entretenida de principio a fin y sin un minuto de aburrimiento (además dura bastante poco, no llega a los ochenta minutos) la película nos sumerge de lleno en esa atmósfera tensa, en el hogar del matrimonio del niño "agredido". Estando la pelicula integramente rodada en ese apartamento, Polanski consigue la sensación claustrofobica y estresante a medida que la discusion va "in crescendo". Pero "Un dios salvaje" tiene un don, y es su puntiagudo e hiriente sentido del humor.
Siendo honesto, creo la pelicula no se sostendría por ningun lado sin tener en cuenta dos cosas: el humor anteriormente mencionado, y las interpretaciones del cuarteto protagonista. En primer lugar, las notas irónicas y divertidas consiguen relajarnos, hacer mas llevadero el enfrentamiento que está teniendo lugar a tiempo real delante de nosotros. Porque, pudiendo haber sido un drama sobre buenos y malos, "Un dios salvaje" termina por definirse como una comedia. Comedia dramática quizás, sí, pero comedia al fin y al cabo. Por otro lado, son las interpretaciones de Walt, Foster, Winslet y Reilly las que ensalzan esta última obra de Polanski hasta convertirla en un largometraje muy bueno, y altamente recomendable.
Al terminar de ver la película, todos sus personajes se han desnudado interiormente ante la cámara en ochenta minutos. Se han despojado de sus máscaras de "matrimonio ejemplar" y, como dice Waltz en un momento de la pelicula, han acabado sucumbiendo a las máximas de un dios salvaje. Lo que empieza siendo una conversacion formal acerca de una pelea en un parque entre dos niños, acaba poniendo al descubierto los desequilibros emocionales de estos cuatro personajes, sus miedos, sus prejuicios, hasta terminar con un magnifico plano final en el que se pone en evidencia de forma metafórica los valores del ser humano dentro de una sociedad en la que le damos importancia a verdaderas nimiedades, en vez de preocuparnos de lo que veraderamente importa.
En conclusion, "Un dios salvaje" es una buena película, que sin ser de las mejores de Polanski, me atrevo a recomendar por su punzante moraleja, y el vertiginoso entretenimiento de su narración, asi como sus espectaculares interpretaciones.