El concepto “reality show” llega a España
El auge de los
reality shows llegaron a nuestro país con la llegada del nuevo milenio. Desde
entonces, han sido innumerables los distintos formatos de telerrealidad que han
ido desfilando por nuestras pantallas, con mejor o peor índice de audiencia.
Justo en el año 2000 se estrenaba en España el primer reality show patrio, y el
más importante hasta la fecha: Gran Hermano.
En un principio, se
vendió a Telecinco el formato como un experimento sociológico que nunca jamás
se había hecho en España y que consistía en reunir a una serie de desconocidos
en una casa, durante casi tres meses, sin televisión, lavadora, lavavajillas y,
en definitiva, ningún tipo de aparato eléctrico. Ese era el principal gancho
que poseía el programa: ver como un grupo de personas era capaz de convivir sin
ninguna noticia del exterior, y sin aparatos eléctricos que les facilitasen el
día a día. Pero, con el tiempo, se demostró que lo que de verdad llamaba la
atención de Gran Hermano no era eso, sino la convivencia entre los distintos
miembros de la casa. Discusiones, gritos, peleas, amores, líos de una noche,
traiciones, amistades, reconciliaciones… fue lo que hizo que la audiencia
española se enganchase de forma irremediable al nuevo concurso que Zeppelin
producía para Telecinco. Y tras el éxito de su primera edición, llegaron las
siguientes y así año tras año, hasta llegar a su edición número trece este año
2012. De forma inesperada, los concursantes que habían participado en el
programa se convirtieron, para bien o para mal, en personajes televisivos de
gran actualidad y toda España les conocía. A partir de ese momento, miles de
personas desearon entrar en el programa o bien para vivir la experiencia, o
bien para saltar a la fama. Esto lo podemos ejemplificar perfectamente en el
caso de Aristidín, concursante de la
última edición de Gran Hermano que pagó 60000 euros por entrar a concursar en
el programa.
Gran Hermano fue el
concurso pionero en lo que a reality shows se refiere, dentro de España. Tras
él vendrían multitud de formatos diferentes pero con la misma esencia: la
telerrealidad como bandera. Irrumpieron en la pequeña pantalla programas como
La isla de los famosos, Operación Triunfo, Hotel Glamour, Supervivientes, El
Bus o La Granja. Y todos compartían las mismas similitudes con el reality
“madre”: un grupo de individuos que no se conocían con anterioridad,
conviviendo juntos, y grabados las 24 horas del día.
Pero pronto el
factor novedad desapareció, y muchos telespectadores comenzaron a ver en este
tipo de programas nada más que vulgaridad, discusiones, gritos y, en
definitiva, la utilización de los sentimientos y emociones de los participantes
como forma de vender espectáculo. Precisamente por esto, los realitys entraron
a formar parte de lo que muchos llamaban “telebasura”. Entonces, ¿Qué son
realmente los reality shows? ¿Experimentos sociológicos? ¿O simple
telebasura? Para dar respuesta a estos planteamientos, tendríamos que entender
que es exactamente la telebasura y porque los reality shows podrían entrar a
formar parte de este conjunto.
La “telebasura” asociada a los reality shows
La telebasura
propiamente dicha comenzó en EEUU. Hacia la década de los ochenta, las
televisiones norteamericanas optaron por incluir en su parrilla televisiva una
serie de espacios cuya temática giraba en torno al morbo y la violencia, con
costes que resultaban muy económicos. Esto se aplicó también a los informativos,
que optaron por incluir una mayor cantidad de imágenes violentas. A partir de
aquí, comienzan a surgir no sólo una nueva forma de hacer televisión, sino
también prensa, ya que los periódicos y las revistas adoptaron estas nuevas
tendencias que impregnaban la televisión. La pequeña pantalla comenzó a
llenarse cada vez más de este tipo de programación, que hacía que la gente se
preguntase si lo que estaba viendo era la realidad, o por el contrario era una
nueva forma de vender la realidad que las cadenas se inventaban. Poco a poco,
esto se fue exportando a otros países. Dentro de la denominada “telebasura” los
primeros programas de éxito que comenzaron a generalizarse fueron los “talk –
shows”, antecedente directo de los llamados reality shows. Aquí en España, un
ejemplo de “talk – show” lo tenemos en “De tú a tú” o “El diario de Patricia”,
ambos emitidos por la cadena Antena 3. Con el tiempo, los talk – shows cada vez
han ido degenerando más, hasta ser criticados por gran parte de la sociedad,
que se asombran de ver como la televisión utiliza las desgracias ajenas para ganar dinero a su
costa. En 1995, una investigación publicada por el “New York Post” ponía en
evidencia la naturaleza de los talk – shows en EEUU, lugar de origen de los
mismos, por utilizar a actores que se encargaban de interpretar las distintas
situaciones que iban sucediendo a lo largo del programa.
En España, el inicio
de la telebasura lo encontramos a principios de los años noventa, y tienen su
origen en las cadenas privadas. Poco a poco, fueron generalizándose hasta
convertirse en todo un éxito. Según Elisa Chuliá, socióloga de la comunicación, “ver la vida de los otros nos conforta. Si es
mejor, nos identificamos con ellos, y si es peor, nos alegramos de no estar tan
mal. Es un eficaz sedante para la sociedad”. Sin embargo, para el catedrático
de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de
Madrid Manuel Núlez Encabo, “no se puede afirmar con un mínimo de rigor que la
telebasura responda a la demanda de los ciudadanos, ya que previamente desde
las cadenas de televisión se han fomentado los elementos básicos para que
existan telespectadores “encadenados””.
El Consejo
Audiovisual de Cataluña publicó un informe titulado “Consideraciones sobre la
telebasura”, en el que señala que “telebasura” es un conjunto de modalidades
televisivas y no un género televisivo específico. Lo que crítica no es un
género de televisión, sino más bien un tipo de televisión degradante en la que
no se tiene en consideración ningún valor fundamental de la persona, y haciendo
uso de un lenguaje repleto de palabras mal sonantes, gritos, y grosería.
Por tanto, el
nacimiento en España de los reality shows y, hablando en líneas generales, de
lo que muchos denominan “telebasura”, lo encontramos con el surgimiento de las
cadenas privadas en el panorama televisivo. El impulso definitivo que hizo
posible el nacimiento de estas cadenas privadas tuvo lugar en el momento en que
el Congreso de los Diputados aprobó el 14 de Abril de 1988 la Ley de televisión
privada, publicada en el BOE el 5 de Mayo. Gracias a esto, el 25 de agosto de
1989, el Consejo de Ministros asignó las tres concesiones administrativas
necesarias que salieron a concurso, con una validez de diez años
renovables, a Antena 3, Telecinco y
Canal +.
En los años 90,
apenas se aprecian grandes diferencias entre lo que se emite en la televisión
pública, y en la privada. Por eso, a
partir de este momento la televisión se empieza a entender como un negocio y
los canales se lanzan a competir entre ellos con sus diferentes programas, en
busca de la mayor audiencia. Todos estos cambios, marcaron el inicio de una
etapa histórica totalmente nueva en la televisión española, en donde se incluye
el boom del reality show (al que también podemos referirnos como reality game)
desencadenado, como ya dijimos anteriormente, por el estreno de Gran Hermano.
Gran Hermano supuso
para la televisión en España una renovación nunca vista hasta entonces de las
estrategias de producción y programación de las cadenas durante los años
posteriores. El reality destacó durante los primeros años del 2000 por ser el
género estrella en las televisiones privadas, junto con el reality game, que se
puede definir como una combinación del reality show (hasta ese momento los
reality show lo conformaban los talk shows) con el concurso.
El reality show nace
de la combinación de dos tipos de programa: los de variedades, y los del género
informativo. Antes de la llegada de Gran Hermano, el reality de más éxito en
nuestro país, y también de los más criticados, fue ¿Quién sabe dónde?, programa
que lideró el ranking de programas más vistos.
Desde que el 23 de
abril de 2000 Telecinco estrenó la
primera edición de Gran Hermano, toda su oferta televisiva se centró en este
formato. Gran Hermano era una adaptación de un polémico formato holandés
llamado Big Brother, inspirado en la historia que George Orwell plasmaba en su
obra 1984, en la que un “Gran Hermano” vigilaba mediante videocámaras los
movimientos de los ciudadanos, carentes de verdadera libertad en una sociedad
férreamente controlada.
La realización de
este primer reality propiamente dicho, resultaba muy compleja, ya que era
necesario un trabajo continuo de veinticuatro horas. Al igual que cualquier
ficción televisiva estructurada en capítulos, Gran Hermano exigía la narración
de una historia, protagonizada por unos personajes y compuesta por una serie de
tramas entrelazadas. Al poco de emitirse en España, el programa condicionó toda
la oferta de Telecinco y la de la competencia. La primera edición se saldó con
un 49,3% de share y 8.356.000 espectadores. Telecinco siguió apostando
temporada tras temporada por diferentes reality games, y además de Gran
Hermano, pasaron por la cadena otros como Gran Hermano VIP, Hotel Glamour o La
casa de tu vida.
Quedó así abierta la
puerta a los reality show en televisión, y las diferentes cadenas no dudaron ni
un solo instante en subirse al carro de estos exitosos formatos y crear los
suyos propios siguiendo la línea de Gran Hermano. Algunos de los realitys más
conocidos que hemos podido ver son los ya mencionados Hotel Glamour, La Granja,
La isla de los famosos u Operación Triunfo. Pero, con mayor o menor éxito, en
nuestro país se han producido infinidad de formatos de telerrealidad: Confianza
Ciega, Factor X, Popstars, Perdidos en la tribu, Billete a Brasil, Acorralados,
Fama, Mujeres y Hombres y Viceversa, y un largo etc…
Cómo son vistos los reality shows por la sociedad
Con el tiempo, la
crítica a este tipo de formatos no se hizo esperar. Lo que en un principio
fueron siendo concursos de convivencia, con el tiempo fueron adaptándose a los
gustos y las exigencias de un tipo de espectadores que demandaban cada vez más
morbo en la televisión. Como las productoras de este tipo de programas sabía
qué era lo que generaba audiencia, fueron ajustando los procesos de selección
de sus castings eligiendo a un tipo de perfil cada vez más afín a lo que antes
utilizábamos para definir la telebasura: gente vulgar, chillona, de bajo nivel
cultural y sin tapujos a la hora de discutir a voces o mantener relaciones
sexuales delante de toda España. Poco a poco, Gran Hermano y con él el resto de
reality shows, fueron alejándose del experimento social que pretendían ser en
televisión, y acercándose cada vez más a lo que muchos definían como
“telebasura”. Pero lo que de verdad preocupa a los estudiosos de estas ramas de
la comunicación, como María del Mar López Talavera o Julia Bordonado Bermejo,
es que este tipo de programas supere más del 60% de la programación televisiva
en prime time.
A día de hoy, este
tipo de formatos acaparan más críticas negativas que positivas por todo lo
dicho anteriormente. Se dice de ellos que son un mal ejemplo para la sociedad y
que solo sirven para alimentar el morbo entre otras muchas cosas. El ejemplo más
cercano lo tenemos en el reality que la cadena MTV estrenó el domingo 14, con
un gran éxito de audiencia: “Gandía Shore”. El programa cuenta las peripecias
de ocho jóvenes de vacaciones en Gandía, que viven de forma desinhibida y sin
ningún tipo de prejuicios, mostrando ante las cámaras sus noches de fiesta,
alcohol, relaciones sexuales entre ellos y con desconocidos, peleas, amor… El
programa es una adaptación del reality norteamericano “Jersey Shore” (de gran
éxito internacional, a la par que criticado) y lleva acaparando polémica desde
su primer día de grabación, al agredir una de las participantes a una ánonima. Dos
días después de su estreno, la Asociación de Consumidores de Medios
Audiovisuales ya ha pedido a los anunciantes que boicoteen el programa por la
imagen que da de los jóvenes, promoviendo hábitos poco saludables, sexo y
actitudes machistas que denigran. Sea como sea, el programa se saldó con un 21%
de share, toda una proeza para un canal minoritario como MTV.
Los reality shows vistos por algunos de sus protagonistas:
Ahora toca conocer
cómo son verdaderamente los reality shows desde dentro, y como lo viven sus
protagonistas. Porque, si hay algo que todos nos hemos preguntado alguna vez,
es cómo continua la vida después de un reality. Algunos se hacen famosos y
pasan a ser colaboradores de algún tipo de programa del corazón, otros caen en
el olvido de forma involuntaria mientras que otros, prefieren mantenerse en el
anonimato voluntariamente. Además, también están aquellos a los que la
incorporación a su vida diaria es más complicada de lo que habían previsto por
el hecho de haber participado en un programa de esta índole.
Para Berta Renedo,
ex – concursante de Gran Hermano 12 + 1, la experiencia en el concurso de
Telecinco se ha quedado en eso, una experiencia más que le ha hecho aprender a
conocer aspectos de sí misma que ni conocía. Reconoce que no le ha cambiado la
vida en lo más mínimo y que ella sigue con la vida que tenía antes de entrar en
el programa. Pero lo que llama especialmente la atención, es la posibilidad que
ella plantea de que en el programa exista tongo. En Gran Hermano, siempre se ha
rumoreado sobre esa posibilidad, que no hacía sino restar aún más credibilidad
al programa. Berta ha reconocido que en Gran Hermano, como en cualquier otro
programa de televisión, se tocan los resultados en función de la audiencia que,
al fin y al cabo, es lo que se busca en cualquier programa televisivo.
Lo mismo opina
Veronica Crespo, compañera de Berta Renedo en el programa, afirmando que
después de todo lo que ha visto dentro de la casa y fuera, no le sorprendería
lo más mínimo que hubiese tongo y, es más, ella misma así lo cree. Para ella,
al contrario que para Berta Renedo, el programa le ha dado mas cosas negativas
que positivas. Confesó haber entrado dentro del concurso en busca de dinero,
pero no de fama, ya que su relación con el programa iba a limitarse a lo que
hiciese dentro del concurso y siempre se negó a vender su vida una vez que
hubiese salido de la casa. Al contrario de lo que pensaba antes de entrar, Gran
Hermano le ha hecho perder más dinero del que esperaba ganar, y reconoce que
una vez se termina el programa se cierran más puertas de las que se abren.
Ellas son dos
concursantes de una edición de Gran Hermano ya finalizada, pero sus opiniones
coinciden con lo que muchos ex – concursantes han dicho del programa una vez
que este ha finalizado. Y es que, para muchos de ellos, la vida después de Gran
Hermano no es fácil. Esto se debe a la relación directa que se establece entre
el programa y la telebasura. Aunque mucha gente ve el programa, éste sigue
viéndose con malos ojos por gran parte de la sociedad, y precisamente por eso
incorporarse a la vida diaria después de haber estado en el programa no ha
resultado fácil para muchos de ellos. A nosotros nos lo ha dicho Berta Renedo y
Verónica Crespo, pero en televisión lo han dicho gran parte de los concursantes
que han pasado por la casa.
Por otro lado,
también pudimos hablar con Abraham, participante del nuevo reality de MTV que
anteriormente mencionábamos, “Gandía Shore”. Al contrario que Verónica y Berta,
Abraham aún no sabe lo que es la vida después de “Gandía Shore”. El programa
aún se está emitiendo y, dado su éxito, seguramente renueve para una segunda
temporada. Llevan dos episodios, pero ya cuenta con mas de 22.000 seguidores en
twitter. Para él, la fama acaba de empezar y todavía no sabe que le puede
deparar. Él está tranquilo y no tiene miedo al que dirán, a pesar del tipo de
programa al que ha entrado. Afirma que en “Gandía Shore” no hay ningún guión y
que todo lo que vamos a poder ver, es real al cien por cien. Para él, de
momento la experiencia ha sido más que positiva y estaría dispuesto a repetirla
cuando sea. Pero aún no sabe hasta que punto va a cambiarle la vida haber
entrado dentro del programa, ya que su fama aún está floreciendo.
Visto esto… ¿Qué es
realmente un reality show? ¿Un arriesgadísimo experimento social-televisivo?
¿Simple telebasura? Lo que está claro, es que aún a día de hoy, y doce años
después del estreno del primer reality show patrio, la polémica aún continúa
girando alrededor de este tipo de formatos, levantando tanto odio como pasiones
a partes iguales. Hay quien opina que deberían desaparecer por todo lo que
suponen, mientras que otros desean su permanencia en antena por mostrar al ser
humano tal y como es. ¿Quién lleva entonces razón? Probablemente los dos, o
ninguno. Pero si hay una cosa que está clara, es que mientras este tipo de
producciones continúen cosechando las audiencias millonarias que consiguen
semana tras semana, permanecerán en antena el tiempo que sea necesario, hasta que
el público diga “basta”. Porque, al fin y al cabo, en televisión es la
audiencia la que tiene la última palabra.