"Para ser española no está mal". Esta es la frase que el público español utiliza para referirse a las películas patrias que, aún malas, tienen algo de hollywoodiense que hace que la gente acabe por disculparlas. "El cuerpo" es una de ellas.
Yo me considero amante del cine con todo lo que ello implica. No entiendo a la gente que dice que el cine español es malo, que no sabemos hacer buenas películas. El cine es como todo, y cuando me enfrento a una película no hago distinciones de nacionalidades ni voy con juicios preconcebidos por el hecho de que sea de un determinado país. En España ocurre como en todas partes: se hacen películas buenas y también películas malas.
Desde hace unos años para acá, se viene experimentando en nuestra filmografía ciertas ganas de plagiar el modelo de película americana para obtener la fórmula del éxito. Y no hay nada de malo en ello. El problema es cuando en vez de inspirarnos en lo bueno del cine americano, nos quedamos con lo malo.
"El cuerpo" es un claro ejemplo de todo esto. Dirigida por Oriol Paulo y protagonizada por José Coronado, Belén Rueda y Hugo Silva, la historia transcurre íntegramente en un instituto anatómico forense en el que ha desaparecido el cuerpo de una mujer de mediana edad.
El único testigo que podría dar con la clave de este extraño suceso, el vigilante de seguridad del lugar, se encuentra en coma tras haber huido del lugar de los hechos y haber sido atropellado accidentalmente por un coche.
Así las cosas, el inspector de policía encargado del caso decide interrogar al marido de la difunta, cuyo cuerpo ha desaparecido, para intentar esclarecer el asunto.
A medida que va transcurriendo la noche, diferentes secretos irán desvelándose hasta dar con toda la verdad que se esconde detrás de todo el asunto.
La película tiene un arranque prometedor. Desde el comienzo se consigue atrapar al espectador y mantenerlo en tensión al menos durante gran parte del metraje. Personalmente, me sobran los continuos flashbacks que más que explicar o aclarar algo de la historia, sirven nada más que como vehículo de lucimiento para Belén Rueda. Por lo demás la historia se sigue con facilidad e interés, a pesar de lo inverosímil de algunas situaciones que es mejor pasar por alto, así como todas las incongruencias del guión.
El verdadero problema de "El cuerpo" viene cuando llega la traca final. Y es que es en su desenlace donde se desmorona toda la película. Oriol Paulo, en busca de la sorpresa desmesurada decide dar un giro de 180º a su historia, convirtiendo todo lo que hemos visto en otra cosa que realmente no es.
Y esto está muy bien para aquellos espectadores que les gusta que jueguen con ellos y que les tomen el pelo, pero conmigo eso no funciona.
A esto me refiero cuando digo que el cine español cada vez quiere acercarse más al modo de hacer cine americano, porque si hay algo característico del género de intriga en EEUU es el as en la manga que sus guionistas se reservan para el final. Pero con "El cuerpo" esta baza es un rotundo fracaso, algo chapucero e inverosímil.
En cuánto a la factura técnica, decir que en "El cuerpo" es impecable. Como ya decía anteriormente, la película no es mala. No, no llega a serlo aunque bordea el ridículo más absoluto en numerosas ocasiones. Pero gracias a lo misterioso de su argumento y a que hace que el interés no decaiga ni un solo segundo, "El cuerpo" se salva por los pelos de ser el petardazo que podría haber sido.
Porque aunque sea española y se aleje del tipo de cine que hacemos normalmente, eso no significa que sea buena.
Recomendada para aquellos espectadores que se conforman con poco.
Monday, 28 January 2013
Tuesday, 15 January 2013
Otro periodismo es posible
Hace
siete meses exactamente, el pasado mes de junio de 2012, se estrenó en EEUU por
la cadena HBO y más tarde en nuestro país vía Canal + España la serie The newsroom, en la que se propone un
nuevo modelo de periodismo. Aunque para muchos no es más que una quimera, la
cuestión ya ha abierto varios debates.
The newsroom es una serie de televisión norteamericana
creada por Aaron Sorkin, creador de series de éxito como El ala oeste de la Casa Blanca, y multipremiado guionista de la
película La red social. Esta vez, no
sólo es el creador de la serie sino que además de escribirla, también se
encarga de dirigirla.
The newsroom fue un éxito de audiencia en el día de su
estreno, con un share similar al que consiguió la exitosa serie Juego de tronos en su season premiere,
también de la cadena norteamericana HBO.
En The newsroom, Aaron Sorkin nos cuenta la
historia de un equipo de informativos que emite a través de un canal por cable.
En apariencia podría tratarse de unos informativos como cualquier otro, si no
fuera porque el modelo periodístico que manejan está a punto de cambiar. Con la
llegada de la nueva productora ejecutiva, se propone un modelo de cambio en los
informativos que hará temblar no sólo al canal, si no a la sociedad entera.
Lo que
Aaron Sorkin propone en The newsroom es
algo que se enseña en las facultades de periodismo y que jamás se pone en
práctica una vez que se sale al mundo real: dar información real a los
ciudadanos, sin manipularles, ciñéndonos a la verdad y nada más que la verdad
sin importarnos nada más que esa información que los periodistas tienen la
obligación de transmitir.
Básicamente,
propone que nos olvidemos de todo lo demás. De todo lo que no sea información.
Es aquí cuando entra en juego el factor económico. Por eso en The newsroom el primer paso para hacer
un periodismo de calidad es olvidarse de los datos y las audiencias. Eso no
importa. Aunque claro, al tratarse de un informativo por cable su fuente de
financiación está en la publicidad y es aquí cuando nos encontramos con el
primer dilema.
¿Qué es
más importante entonces? ¿El capital o la información? En la serie lo tienen
claro a la hora de elegir entre ambas, a
pesar de las posibles consecuencias… Pero la pregunta real es… ¿Es
verdaderamente posible un sistema de información periodística como el que se
propone en The newsroom? ¿Se puede
dar información de calidad sin que entren en juego otros factores ya no sólo
económicos, sino también políticos o ideológicos?
Son
muchos los que han criticado The newsroom
por no ser más que eso, un cuento chino con escasa aplicación práctica ya que,
al fin y al cabo, no deja de ser eso: una serie de televisión. Y como serie de
televisión, se trata ni más ni menos que de pura ficción.
Pero
estamos hablando de una ficción que aspira a ser realidad. ¿Y si de pronto un
programa cualquiera de informativos de nuestro país decide cambiar su forma de
informar para ceñirse a un modelo en el que el rigor periodístico fuese el
único valor? Si esto llegase a ocurrir podrían pasar dos cosas: o bien que el
programa se fuese a pique, o por otro lado que el resto de las cadenas tomasen
ejemplos y siguieran ese esquema.
Por
desgracia, es muy probable que nunca jamás podamos ser testigos de este cambio
ya que vivimos en un mundo en el que hay una serie de intereses muy difíciles
de derrocar. Pero en la situación que vive a día de hoy esta profesión, sería
bonito pensar que, al igual que ocurre en The
newsroom, somos capaces de crear otro modelo de periodismo, defenderlo y,
sobre todo, sacarlo adelante.
Tuesday, 8 January 2013
Oda al buen cine, a la buena música
Adaptar el famoso musical londinense "Los miserables", basado a su vez en la novela homónima de Victor Hugo, es cuánto menos una tarea difícil. Son varios los meses en los que se lleva hablando de esta adaptación por parte del director británico Tom Hopper, galardonado con el Oscar a mejor director por su película "El discurso del rey", y las expectativas estaban por las nubes.
Tom Hopper tenía una doble misión: por un lado, ganarse el beneplácito de crítica y público y por otro, el de los fans del conocido musical que lleva más de 25 años en la cartelera londinense.
El resultado final no ha podido ser más satisfactorio. Tom Hopper ha logrado lo imposible, y eso ha sido poner de acuerdo a todo el mundo, a todo tipo de espectadores, a los amantes de los musicales y a sus detractores, a los forofos del musical original, a la crítica nacional e internacional...
"Los miserables" es lo que todos esperabamos: una obra maestra llena de excesos, de buenas canciones, con un ritmo endiablado y unas interpretaciones de diez.
Porque es en el reparto donde recae el mayor peso de la película. Aunque Russell Crowe está mas que correcto, son Hugh Jackman y Anne Hathaway los que se comen sus escenas a bocados.
La segunda tan solo aparece en el film unos veinte minutos aproximadamente, pero son suficientes para afirmar con entusiasmo y rotundidad que gracias a esta película se ha consagrado la estrella hollywoodiense. Nunca una canción habia sido cantada en pantalla con tantísima fuerza y garra como el "I dreamed a dream" que aquí nos ocupa, capaz de remover hasta los sentimientos más profundos de la audiencia.
Y si ya nos ponemos a hablar de Jackman, entonces señoras y señores tengo que quitarme el sombrero y aseguraros que lo de este actor es harina de otro costal. El australiano, que aparece en el metraje casi constantemente durante las más de dos horas y media que dura la película, es capaz de aguantar el tipo, cantar, brincar, pelearse, reír y emocionarse sin despeinarse. El globo de oro debe ser suyo sin ninguna duda.
Algunos han criticado la forma en que "Los miserables" está rodada. Yo no he visto ningún problema a esto. Muchos primeros planos, sí, pero totalmente justificados. Cada director tiene su forma de captar la esencia de sus actores, y aquí se saca el máximo provecho de sus interpretaciones con el uso del primer plano en multitud de ocasiones. No veo ningún problema en ello.
Sin embargo, si hay algo que no me termina aquí de cuajar es el papel de Amanda Seyfried como Cosette. Sí, la chica canta muy bien y todo lo que queráis, pero como actriz a mí me deja mucho que desear.
Lo contrario ha ocurrido con Samantha Barks, la sorpresa de la película. La actriz que ya dio vida a Éponine en el musical original, vuelve a ponerse en la piel de la sufrida enamorada de Marius. No sé como sería en el musical original ya que no he tenido el gusto de verlo, pero en la película la joven actriz da lo mejor de sí misma y consigue convertirse en la revelación del pasado año.
Del argumento poco queda contar: Jean Valjean es un fugitivo perseguido por un oficial de policía durante años, que decide cambiar de identidad y quedarse a cargo de la hija de una mujer que conoció tiempo atrás. La historia avanza mostrando la evolución de los personajes y las miserias de la Francia de la época, las revoluciones de sus ciudadanos en su lucha por la igualdad, así como las idas y venidas en las vidas de sus protagonistas que luchan, aman, ríen y lloran en una historia de superación personal capaz de conmover hasta al menos sensible.
Eso es lo que hace a "Los miserables" algo grande: la historia. Y a pesar de ser la mayor parte de la película cantada (diálogos incluidos) no se hace para nada pesada ya que, como digo, lo que la película tiene que contar es tan magnífico, que te atrapa desde el minuto uno haciéndose dueña de tus sentimientos y sin soltarlos hasta su apoteósico final. Formidable e imprescindible.
Tom Hopper tenía una doble misión: por un lado, ganarse el beneplácito de crítica y público y por otro, el de los fans del conocido musical que lleva más de 25 años en la cartelera londinense.
El resultado final no ha podido ser más satisfactorio. Tom Hopper ha logrado lo imposible, y eso ha sido poner de acuerdo a todo el mundo, a todo tipo de espectadores, a los amantes de los musicales y a sus detractores, a los forofos del musical original, a la crítica nacional e internacional...
"Los miserables" es lo que todos esperabamos: una obra maestra llena de excesos, de buenas canciones, con un ritmo endiablado y unas interpretaciones de diez.
Porque es en el reparto donde recae el mayor peso de la película. Aunque Russell Crowe está mas que correcto, son Hugh Jackman y Anne Hathaway los que se comen sus escenas a bocados.
La segunda tan solo aparece en el film unos veinte minutos aproximadamente, pero son suficientes para afirmar con entusiasmo y rotundidad que gracias a esta película se ha consagrado la estrella hollywoodiense. Nunca una canción habia sido cantada en pantalla con tantísima fuerza y garra como el "I dreamed a dream" que aquí nos ocupa, capaz de remover hasta los sentimientos más profundos de la audiencia.
Y si ya nos ponemos a hablar de Jackman, entonces señoras y señores tengo que quitarme el sombrero y aseguraros que lo de este actor es harina de otro costal. El australiano, que aparece en el metraje casi constantemente durante las más de dos horas y media que dura la película, es capaz de aguantar el tipo, cantar, brincar, pelearse, reír y emocionarse sin despeinarse. El globo de oro debe ser suyo sin ninguna duda.
Algunos han criticado la forma en que "Los miserables" está rodada. Yo no he visto ningún problema a esto. Muchos primeros planos, sí, pero totalmente justificados. Cada director tiene su forma de captar la esencia de sus actores, y aquí se saca el máximo provecho de sus interpretaciones con el uso del primer plano en multitud de ocasiones. No veo ningún problema en ello.
Sin embargo, si hay algo que no me termina aquí de cuajar es el papel de Amanda Seyfried como Cosette. Sí, la chica canta muy bien y todo lo que queráis, pero como actriz a mí me deja mucho que desear.
Lo contrario ha ocurrido con Samantha Barks, la sorpresa de la película. La actriz que ya dio vida a Éponine en el musical original, vuelve a ponerse en la piel de la sufrida enamorada de Marius. No sé como sería en el musical original ya que no he tenido el gusto de verlo, pero en la película la joven actriz da lo mejor de sí misma y consigue convertirse en la revelación del pasado año.
Del argumento poco queda contar: Jean Valjean es un fugitivo perseguido por un oficial de policía durante años, que decide cambiar de identidad y quedarse a cargo de la hija de una mujer que conoció tiempo atrás. La historia avanza mostrando la evolución de los personajes y las miserias de la Francia de la época, las revoluciones de sus ciudadanos en su lucha por la igualdad, así como las idas y venidas en las vidas de sus protagonistas que luchan, aman, ríen y lloran en una historia de superación personal capaz de conmover hasta al menos sensible.
Eso es lo que hace a "Los miserables" algo grande: la historia. Y a pesar de ser la mayor parte de la película cantada (diálogos incluidos) no se hace para nada pesada ya que, como digo, lo que la película tiene que contar es tan magnífico, que te atrapa desde el minuto uno haciéndose dueña de tus sentimientos y sin soltarlos hasta su apoteósico final. Formidable e imprescindible.
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