Adaptar el famoso musical londinense "Los miserables", basado a su vez en la novela homónima de Victor Hugo, es cuánto menos una tarea difícil. Son varios los meses en los que se lleva hablando de esta adaptación por parte del director británico Tom Hopper, galardonado con el Oscar a mejor director por su película "El discurso del rey", y las expectativas estaban por las nubes.
Tom Hopper tenía una doble misión: por un lado, ganarse el beneplácito de crítica y público y por otro, el de los fans del conocido musical que lleva más de 25 años en la cartelera londinense.
El resultado final no ha podido ser más satisfactorio. Tom Hopper ha logrado lo imposible, y eso ha sido poner de acuerdo a todo el mundo, a todo tipo de espectadores, a los amantes de los musicales y a sus detractores, a los forofos del musical original, a la crítica nacional e internacional...
"Los miserables" es lo que todos esperabamos: una obra maestra llena de excesos, de buenas canciones, con un ritmo endiablado y unas interpretaciones de diez.
Porque es en el reparto donde recae el mayor peso de la película. Aunque Russell Crowe está mas que correcto, son Hugh Jackman y Anne Hathaway los que se comen sus escenas a bocados.
La segunda tan solo aparece en el film unos veinte minutos aproximadamente, pero son suficientes para afirmar con entusiasmo y rotundidad que gracias a esta película se ha consagrado la estrella hollywoodiense. Nunca una canción habia sido cantada en pantalla con tantísima fuerza y garra como el "I dreamed a dream" que aquí nos ocupa, capaz de remover hasta los sentimientos más profundos de la audiencia.
Y si ya nos ponemos a hablar de Jackman, entonces señoras y señores tengo que quitarme el sombrero y aseguraros que lo de este actor es harina de otro costal. El australiano, que aparece en el metraje casi constantemente durante las más de dos horas y media que dura la película, es capaz de aguantar el tipo, cantar, brincar, pelearse, reír y emocionarse sin despeinarse. El globo de oro debe ser suyo sin ninguna duda.
Algunos han criticado la forma en que "Los miserables" está rodada. Yo no he visto ningún problema a esto. Muchos primeros planos, sí, pero totalmente justificados. Cada director tiene su forma de captar la esencia de sus actores, y aquí se saca el máximo provecho de sus interpretaciones con el uso del primer plano en multitud de ocasiones. No veo ningún problema en ello.
Sin embargo, si hay algo que no me termina aquí de cuajar es el papel de Amanda Seyfried como Cosette. Sí, la chica canta muy bien y todo lo que queráis, pero como actriz a mí me deja mucho que desear.
Lo contrario ha ocurrido con Samantha Barks, la sorpresa de la película. La actriz que ya dio vida a Éponine en el musical original, vuelve a ponerse en la piel de la sufrida enamorada de Marius. No sé como sería en el musical original ya que no he tenido el gusto de verlo, pero en la película la joven actriz da lo mejor de sí misma y consigue convertirse en la revelación del pasado año.
Del argumento poco queda contar: Jean Valjean es un fugitivo perseguido por un oficial de policía durante años, que decide cambiar de identidad y quedarse a cargo de la hija de una mujer que conoció tiempo atrás. La historia avanza mostrando la evolución de los personajes y las miserias de la Francia de la época, las revoluciones de sus ciudadanos en su lucha por la igualdad, así como las idas y venidas en las vidas de sus protagonistas que luchan, aman, ríen y lloran en una historia de superación personal capaz de conmover hasta al menos sensible.
Eso es lo que hace a "Los miserables" algo grande: la historia. Y a pesar de ser la mayor parte de la película cantada (diálogos incluidos) no se hace para nada pesada ya que, como digo, lo que la película tiene que contar es tan magnífico, que te atrapa desde el minuto uno haciéndose dueña de tus sentimientos y sin soltarlos hasta su apoteósico final. Formidable e imprescindible.

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