Haneke no es precisamente santo de mi devoción. Su cine me parece extremadamente cargante, y a veces incluso incompresible. Intenté darle una última oportunidad con Caché: Escondido, la película protagonizada por Juliette Binoche nominada a la palma de oro y ganadora del premio a mejor director en el festival de Cannes de 2005 que, además, llegó a nuestro país avalada por toda la crítica internacional.
A mí me pareció un auténtico bodrio, una película pretenciosa, cargante y totalmente hueca que no contaba absolutamente nada a pesar de haber obtenido numerosos premios ese mismo año.
Con Funny Games me desencanté por completo y decidí no volver a ver otra película del director austriaco, para ahorrarme así me preciado tiempo y no desperdiciarlo en semejantes estupideces gapastistas que, sin embargo, hacen las delicias de los críticos más pesados.
Ni siquiera he visto aún La cinta blanca, película de 2009 ganadora de la Palma de Oro en Cannes así como el Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa. No me he atrevido aún con ella (y dudo que lo haga) por miedo a encontrarme con otro jueguecito de Haneke que pretende ser mucho más de lo que en realidad es.
Sin embargo, en 2012 llegó Amour y con ella el festival de buenas críticas para el que un día fue el enfant terrible de la industria cinematográfica europea. Lo único que me convenció a verla fueron los comentarios de los espectadores que decían que aquí Haneke firmaba su película más humana y, efectivamente, estaban en lo cierto.
Pese a mis reticencias iniciales, poco a poco fue llamándome la atención este último trabajo del austriaco, y al final deje mis prejuicios en casa y me dispuse a ver esta historia de, valga la redundancia, amor.
El film habla de un matrimonio de ancianos que ha vivido feliz toda su vida, queriéndose el uno al otro y sin ningún tipo de problema más allá de los típicos de la convivencia diaria. Pero un día su amor será puesto a prueba, al sufrir ella un infarto y quedar paralizado la mitad de su cuerpo.
El director firma así una película devastadora sobre la vejez en la que no da ningún tipo de concesión a sus protagonistas. De un realismo que llega hasta a hacer daño, somos testigos del sufrimiento de la pareja sin dejar de mirar a la pantalla y es que en Amour Haneke se ha limitado a rodar con todo lujo de detalles lo que podría ser el día a día de cualquier otro matrimonio mayor convirtiéndonos así en testigos directos de ese brutal infierno y haciéndonos sufrir con ellos.
Pero lo que de verdad sorprende de esta inmensa (y durísima) película es la interpretación de su protagonista Emmanuelle Riva, una verdadera actriz que nos regala una impagable interpretación digna de Oscar que, inexplicablemente, le fue arrebatado por la sobrevalorada Jennifer Lawrence.
No se puede decir mucho más de esta increíble y sorprendente película salvo que no se la pierdan. Rodada íntegramente en un único escenario como es el piso de los dos protagonistas, Amor nos quita el aliento y el alma durante las dos horas que dura. Véanla preparados, porque si algo es cierto de esta gran película, es que no serán los mismos después de verla. Sobresaliente.
No comments:
Post a Comment