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Tuesday, 26 February 2013

Mi reconciliación con Haneke gracias a 'Amour'

Haneke no es precisamente santo de mi devoción. Su cine me parece extremadamente cargante, y a veces incluso incompresible. Intenté darle una última oportunidad con Caché: Escondido, la película protagonizada por Juliette Binoche nominada a la palma de oro y ganadora del premio a mejor director en el festival de Cannes de 2005 que, además, llegó a nuestro país avalada por toda la crítica internacional.
A mí me pareció un auténtico bodrio, una película pretenciosa, cargante y totalmente hueca que no contaba absolutamente nada a pesar de haber obtenido numerosos premios ese mismo año.
Con Funny Games me desencanté por completo y decidí no volver a ver otra película del director austriaco, para ahorrarme así me preciado tiempo y no desperdiciarlo en semejantes estupideces gapastistas que, sin embargo, hacen las delicias de los críticos más pesados.
Ni siquiera he visto aún La cinta blanca, película de 2009 ganadora de la Palma de Oro en Cannes así como el Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa. No me he atrevido aún con ella (y dudo que lo haga) por miedo a encontrarme con otro jueguecito de Haneke que pretende ser mucho más de lo que en realidad es.
Sin embargo, en 2012 llegó Amour y con ella el festival de buenas críticas para el que un día fue el enfant terrible de la industria cinematográfica europea. Lo único que me convenció a verla fueron los comentarios de los espectadores que decían que aquí Haneke firmaba su película más humana y, efectivamente, estaban en lo cierto.
Pese a mis reticencias iniciales, poco a poco fue llamándome la atención este último trabajo del austriaco, y al final deje mis prejuicios en casa y me dispuse a ver esta historia de, valga la redundancia, amor.
El film habla de un matrimonio de ancianos que ha vivido feliz toda su vida, queriéndose el uno al otro y sin ningún tipo de problema más allá de los típicos de la convivencia diaria. Pero un día su amor será puesto a prueba, al sufrir ella un infarto y quedar paralizado la mitad de su cuerpo.
El director firma así una película devastadora sobre la vejez en la que no da ningún tipo de concesión a sus protagonistas. De un realismo que llega hasta a hacer daño, somos testigos del sufrimiento de la pareja sin dejar de mirar a la pantalla y es que en Amour Haneke se ha limitado a rodar con todo lujo de detalles lo que podría ser el día a día de cualquier otro matrimonio mayor convirtiéndonos así en testigos directos de ese brutal infierno y haciéndonos sufrir con ellos.
Pero lo que de verdad sorprende de esta inmensa (y durísima) película es la interpretación de su protagonista Emmanuelle Riva, una verdadera actriz que nos regala una impagable interpretación digna de Oscar que, inexplicablemente, le fue arrebatado por la sobrevalorada Jennifer Lawrence.
No se puede decir mucho más de esta increíble y sorprendente película salvo que no se la pierdan. Rodada íntegramente en un único escenario como es el piso de los dos protagonistas, Amor nos quita el aliento y el alma durante las dos horas que dura. Véanla preparados, porque si algo es cierto de esta gran película, es que no serán los mismos después de verla. Sobresaliente.

Tuesday, 12 February 2013

El lado bueno de la comedia romántica

Cada año aparece una película que se convierte en toda una sorpresa de crítica y público. La pasada temporada le tocó el turno al último trabajo de Alexander Payne, Los descendientes. 
Esta vez, de la mano de dos de los actores del momento en Hollywood, Bradley Cooper y Jennifer Lawrence, nos llega El lado bueno de las cosas.
La película, dirigida por David O. Russell, está basada en la novela homónima de gran éxito, escrita por Matthew Quick, en la que se relata la historia de un joven recién salido del psiquiátrico que aspira a reconciliarse con su esposa al tiempo que intenta volver a su vida normal y encajar el día a día de nuevo en su rutina. Para ello, contará con la ayuda de una inusual amiga, hermana de la mujer de su mejor amigo, que también está pasando por momentos difíciles tras el fallecimiento de su esposo.
Una premisa realmente sencilla y que en manos de cualquier otro autor hubiese sido una historia romántica más made in Hollywood. 
Pero en El lado bueno de las cosas la sorpresa viene cuando nos damos de bruces con uno de los guiones mejor escritos en el ámbito de la comedia del pasado año, que hace que una historia que podría estar plagada de lugares comunes se convierta en una comedia dramática con un ritmo endiablado así como algún que otro momento donde es imposible no soltar más de una carcajada.
Al terminar de verla, es cierto que no mantenemos esa sensación de haber visto algo insólito, nuevo o que realmente deje poso. El lado buen de las cosas se conforma con contar una agradable historia, haciéndolo pasar bien al espectador y dándole todo lo que necesita para disfrutar al máximo de la experiencia.
Quizás en realidad sí que sea otra americanada más, pero es una americanada que merece ser vista por el simple hecho de contarnos lo que ya sabemos de una forma diferente y original.
Pero sobre todo, y por encima de todas las cosas, esta es una película de visión obligatoria sólo por ver a sus dos actores dar una lección de interpretación a todos los de su generación.
Si alguien sigue pensando que Bradley Cooper es mal actor después de ver su papel como el bipolar más carismático y entrañable del cine reciente (inevitable compararle con Jack Nicholson en Mejor Imposible, guardando las distancias obviamente) entonces no ha sabido apreciar y disfrutar de lo que ha sido el mayor descubrimiento del 2012. El señor Cooper ha demostrado que hay vida mas allá de su Resacón en Las Vegas y ha callado las bocas de todos los que no le tenían ninguna consideración al hacerse con una nominación a los Oscar como mejor actor protagonista para este año.
Junto a Bradley Cooper, nos encontramos a Jennifer Lawrence. Poco queda que decir de la actriz que se está haciendo ella solita con todos los festivales de cine de su país, y que se come bocado a bocado todas las escenas en las que aparece. Interpreta aquí a una joven inestable emocionalmente, algo desequilibrada quizás  pero sobre todo con mucho amor que dar, y se adueña del papel haciéndolo suyo durante todo el metraje. Si me creo a Tiffany, sus problemas, sus escarceos amorosos y sus argumentos es porque Lawrence consigue darle toda la fuerza que necesita y sin ella El lado bueno de las cosas no tendría ningún sentido.
La química. Esa es la clave del film y su mayor aliada. Porque los dos protagonistas encienden la pantalla cada vez que aparecen juntos y hacen que no podamos apartar la mirada de ella ni un solo instante. No es una película perfecta, ni de lejos. Tampoco se acerca a ser una obra maestra, y ni siquiera lo pretende. Se limita con hacer pasar un buen rato al espectador sin tratarle como a un idiota, y ahí es donde están todos sus méritos.
Esta es una película de amor pero sin amor, de gente con problemas, que se enamora y se desenamora, que sufre, que siente y padece. Recomendable para los que quieran pasar un buen rato con esta comedia ligera entregándose a ella eso sí, sin esperar más de lo que de verdad nos ofrece, y sobre todo, dejando las gafas de pasta en la mesilla de noche.