Hay un momento en la vida en que uno aparece salido de la nada, con barba de varios días o varios meses y una gorra roja. Tal vez sea en el desierto de Mojave, paradigma de esa nada, cerca de un pueblo que atiende sugerentemente al nombre de Terlingua. El hombre perdido se desmaya, aunque lleva cuatro años arrastrado por el viento de mil desiertos como éste, o mejor, de un alma desertizada. Aparece un ángel, el ángel telúrico, el reflejo de lo que el hombre pudo y no fue, el hermano familiar. Al el no se lo lleva el viento, es firme, es fiel, es tangible y su corazón no explotó por amar demasiado. Vive feliz, mientras que aquel hombre perdido fue y quiso o tal vez dejó de serlo, de ser feliz, de vivir. A veces hay viajes que van más allá; a veces hay viajes que llegan hasta el final de la noche. Porque despues de vivir tanto amor, cuando este se acaba de repente, te abrasa el deseo, te quema el corazón, te arrancarías la piel de puro amor. Una botella de vodka lo mitiga. Una palabra te sobresalta y una mirada te remata, te arrancarías los tímpanos y los ojos. Todo está ardiendo, las palabras son hechos y los hechos son pesadillas, el deseo, el amor te pudo, entonces lo mejor que puedes hacer es huir, descubrir que coño te pasa, por qué te sientes así. Camina sin parar, sólo camina. Y si te topas con un desierto da igual, sigue caminando. Hasta que por fin la olvides y puedas volver a empezar. ¿Que como era ella? Ella era un oasis en un desierto texano, recorriendo mundos sin fronteras, tierras sin dueño, calles anónimas, bebiendo religiones para calmar esta sed de vacio... Acabamos en el mismo lugar, justo donde empezó a escribirse esta historia de corazones solitarios y amores jamás correspondidos. El calor de este infierno será el único testigo de como todas nuestras ilusiones se evaporaran cuando hayamos de dar el primer paso, en búsqueda de un recuerdo que lleve su nombre...
El hombre a veces, no duerme, no habla, o lo hace poco, pero el hermano le despierta cuatro años después. El hombre es ahora más sabio, quiere pero no puede, sabe que no puede, retomar aquello que una vez se rompió en pedazos. Un amor imposible, algo que inevitablemente se fue apagando poco a poco. Entonces se decide a comenzar su propio viaje, en busqueda de aquel antiguo amor. Una foto, una silla, películas de súper 8 , qué raro es ver agua en las fotos, qué raras son las fotos en las que aparece una foto. Que raro es ver fotos en las que aun estaba ella. Vayamos a París, ahora. Alli sera donde ella me espere. O quizas no. Quizas ya no exista. La mujer perdida. La razon de esta historia. Y sin embargo, sin previo aviso, tras un largo viaje de busqueda y paz interior, despues de peregrinar bajo el sol y las estrellas... la mujer aparece de repente.
El y ella. Miradas, espaldas, rostros reflejados, palabras, pocas o muchas, gestos, luces que se apagan... Reencuentro. La mujer también había dejado de vivir, o a lo mejor fueron cuatro años de latente existencia. Muchos mirarían, alguno tal vez tocaría, no importa. Volver es imposible, pero queda un lugar, esa tierra, tal vez, y queda otro sitio, esa habitación del Hotel Meridian, la 1520, donde ella siempre estuvo esperando. Donde tuvo lugar su primer reencuentro. El hombre ha cumplido su promesa. Qué pasará luego? quién sabe...Redención, camino, familia, sudoeste, soledad, culpa, desierto. El mismo amor, la misma lluvia. Aqui te conoci. Esto es París, Texas...

Estoy interesado en tus entradas te podría pagar algún dinero para que publicases algunas de tus criticas en el períodico madrileño de Mostosur, me pondré en contacto contigo. Un saludo,
ReplyDeleteLeandro.