Tuesday, 15 November 2011
Una vez más, Paris Texas.
Es tan facil arrepentirnos de la decision que tomamos en un momento, del error que cometimos en aquel instante crucial que marco para siempre nuestra vida. No es que lo hicieramos sin reflexionar, no. Pensamos mucho. Ponemos todas nuestras neuronas. Nos tumbamos en la cama durante dias, atentos al menor sonido en nuestra cabeza, a la vibracion de nuestra sangre, al mas leve sintoma de temor o de entusiasmo. Lo decidimos meditadamente imaginando la secuencia de hechos que ocurririan despues de nuestra eleccion, pasos firmes y claros que nos conduciran a un lugar luminoso y estable: acepto casarme con esta mujer porque la quiero y la querre siempre, estudiare esta carrera porque podre ganar mucho dinero, rechazo este trabajo porque debo mudarme de ciudad y no quiero perder este aire ni la perpetua vision de los mismos edificios, los mismos arboles, las mismas calles o la calida compañia de mis amigos cada noche en el mismo bar. Pensamos, medimos las consecuencias, imaginamos... O no. O tomamos decisiones guiados por un impulso, un arrebato repentino que nos pone el cuerpo en tension, la sacudida inesperada de los nervios, un palpito brutal en el pecho, una opresion en la boca del estomago... Una luz que se nos enciende en el cerebro y lo ilumina todo. No importa. Lo mas probable es que nos equivoquemos. La vida seguira su curso al margen de nuestros planes. La mujer a la que jurabamos querer para toda la vida terminara por convertirse en otra persona diferente a la que no reconoceremos. La profesion para la que nos preparamos esforzadamente habra pasado de moda cuando hayamos acabado nuestros estudios.
La ciudad que no queriamos abandonar se transformara a toda velocidad y nuestros amigos se iran para siempre y el bar cerrara sus puertas y desaparecera de su recuerdo, como si nunca hubiera existido. La vida tomara su propio impulso, girara sobre si misma, dara volteretas, ira arriba o abajo repentinamente, enloquecida, brutal y nos empujara a nosotros con ella, hacia el paraiso o hacia el abismo, al margen de nuestro esfuerzo y nuestros meritos. Es mentira todo lo que nos cuentan: nuestros actos no tienen consecuencias. Solo son un derroche de energia, una salpicadura de pateticos intentos por aferrarnos a algo perdurable, la satisfaccion, el bienestar, la comodidad... Creamos familias, construimos casas, levantamos negocios, nos dejamos la piel en cada gesto y todo se desmorona en un instante, sin que podamos hacer nada por retenerlo. O, por el contrario, vemos como surge a nuestro alrededor un espacio bendito sin que hayamos movido un solo dedo a su favor. La vida es asi, va y viene. Nunca se detiene.
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